13.- Regalo Divino


  Ese viernes quedo grabado en sus corazones y en sus vidas. 
Quizás lo mas hermoso fue lo espontáneo, nada se planeo, no hubo ningún acuerdo, fue una entrega impulsada por un deseo ardiente, una pasión desenfrenada, y un amor instantáneo con apariencia de eterno. 
Ya estaba obscuro cuando le dejo en su casa, un tierno y prolongado beso sello ese primer encuentro donde ambos habían acariciado el cielo. 
Horacio, no dejaba de suspirar el aroma que Corina había impregnado en el, era como una fragancia que lo embriagaba de felicidad. 
Así ella, llego a su cuarto, se tiro en la cama se tocaba la boca, se acariciaba el vientre, sentía dentro de ella a su amado, suspiraba y se olía la ropa como si en la tela se hubiese quedado una parte de su enamorado. 
Esa tarde de viernes sin duda para ellos fue una tarde de antología, la mejor tarde de sus vidas.  

12.- La entrega 


  
Los viernes por la tarde, Corina iba a un rancho cerca, ahí tenía una tía en silla de ruedas, le surtía su despensa, le dejaba ropa limpia y se llevaba la sucia. Con la tía vivía el hermano mayor de Corina que criaba borregos de registro, pero ese día había ido a una exposición y llegaría hasta la noche. 
Horacio ese día después de la comida de día de campo, la acompaño y la esperaba afuera, Corina salió de la casa y le pidió que fueran a caminar; la tarde estaba nublada, parecía como si el romanticismo flotara en el ambiente. Caminaron por una Alameda de pirules y mezquites, hasta donde estaba una troje, se sentaron en la banca de madera. 
Corina llevaba una falda roja larga con encajes negros, y una blusa blanca brillante sin mangas, el ligero escote resultaba muy provocador, en la banca empezaron los besos, ella acariciaba los brazos de Horacio con frenesí, la pasión estaba desbordante y fueron las grandes gotas de lluvia las que los hicieron reaccionar, se metieron a la troje, los truenos del cielo era como el fondo musical de su aventura, la fuerte lluvia y las gotas de cristalinos colores los envolvió con su magia. 
Horacio continuo besándola de pie, y empezó a acariciar su espalda por debajo de la blusa; mientras tanto Corina desabrochaba la camisa de El, y le acariciaba el pecho. Las manos de Horacio levantaban la falda de Corina al mismo ritmo en que acariciaba esas hermosas piernas tersas, suaves, cada vez iba mas arriba, hasta llegar a la parte alta de los muslos, acaricio despacio su diminuta ropa interior… Ella se fue hacia atrás hasta quedar sentada en una paca de rastrojo, Horacio puso su camisa en las demás pacas, la recostó a besos, suavemente le desabrocho el sostén y le quito la blusa, los pechos de Corina blancos y duros tenían una aureola marrón, los pequeños pezones estaban erguidos, después de admirarla se lanzó a besarlos con ternura, con pasión, con deseo, mientras que Corina se vencía y abría sus temblorosas piernas, en medio quedaba El; ambos jadeaban, los besos regresaban a la boca, bajaban por las mejillas hasta el cuello y volvían a subir al lóbulo de sus orejas, regresaba a los pechos, mientras que con las manos acariciaba por encima de la braga su húmeda entrepierna, los dedos empezaron poco a poco a apartar la prenda y las caricias fueron más atrevidas, el sentía entre sus dedos los sedosos y tupidos vellos de ella, siguió besándole el torso, el vientre, se hinco y le quito la falda, así fue besando los muslos, lamia todo su cuerpo, la pantorrilla, y volvía a subir paseando su boca por todo su cuerpo y al mismo tiempo le iba bajando despacio sus bragitas hasta quitárselas completamente, las guardo en la bolsa de su pantalón; Ella se incorporó siguiendo sentada, y le desabrocho el pantalón, mientras que Horacio enredaba el cabello de Corina entre sus dedos, así ambos quedaron desnudos, ella de frente admirando su virilidad y El perdido en su excitante y sensual cuerpo desnudo… Horacio volvió al ataqué, esta vez no dejo un solo rincón sin que su boca lo recorriera, así suavemente llego nuevamente hasta su boca, quedo en medio de sus piernas, y entre caricias, besos ternura y palabras de amor, se metió suavemente en la virginal intimidad de Corina. ¡Se fundieron! 
Los gritos y gemidos, se ahogaron en el placer, en la lluvia y los truenos.
Corina por fin se convirtió en la mujer del hombre que sorpresivamente le arrebatara la calma. Horacio se entregó en cuerpo y alma a esa jovencita que le había llenado no solo el corazón, sino también su existencia y por completo. 
Llovía fuerte, muy fuerte. 

11.- Un día de campo 


  
El viernes por la mañana Horacio llego al rancho muy temprano, ayudó a don Paco a subir los botes de leche a la camioneta, las hieleras con el queso, los dos hablaban poco. Luego fueron a desayunar. 
Doña Margarita ya los esperaba, Corina también. Durante el desayuno, todos platicaban, anécdotas cómicas en la pacífica vida del rancho, todos estaban alegres como si festejaran algo. 
Corina se sentó de frente a Horacio, y con su pie le acariciaba la pierna. Horacio la veía hermosa, le cerraba el ojo, y se chupaban los labios. 
Terminaron y todos se fueron a sus labores. El rancho media unas 20 hectáreas, y Horacio ese día se fue mucho más retirado a trabajar. 
Corina llego a la hora de la comida, en la Yegua – hoy comeremos aquí, te traje sándwich y agua fresca -. Mientras comían ella le pregunto: – ¿de verdad te divorcias? Sería muy fácil para ti engañarme, estoy enamorada – Horacio le explico la situación, y le dijo que todo era verdad. – ¿Has pensado en los 16 años que te llevo? -. – No me importa – dijo ella, y continuo – quizás eso entre tantas cosas es lo que mas me atrae de ti, que eres todo un hombre Horacio -. 

10.- Nuestra libertad 


  
Corina, terminó su noviazgo con Alfredo, no fue fácil, el joven estaba enamorado perdidamente de ella. Corina fue firme, y dejo las cosas en claro: – no me gusta mentir, no me gusta engañar, no te amo y no quiero que nos hagamos daño -. 
Por su parte Horacio, el jueves hablo con la madre de su pequeño hijo, le pidió que acelerará el proceso de divorcio, que no complicará las cosas… Thelma, la madre de su hijo, se sorprendió y le dijo que estaba pensando en una oportunidad, Horacio fue firme, demasiado honesto y le dijo que no, que en su corazón solo cabía una mujer, y esa no era ella. Despechada le colgó. 
Recordó Horacio lo difícil que había sido tratar de llevar una vida en paz con una mujer que estaba acostumbrada a vivir en conflicto. Discutía por todo, nada le parecía, todo era poco, y lo poco era nada. No valoro la voluntad de Horacio de salvar su matrimonio, ambos tenían proyectos diferentes y la relación se fue a pique. Le dolía la situación de su hijo, pero prefería verlo tranquilo y no en medio de pleitos y ofensas sin sentido. – Es lo mejor – pensó. 

9.- Te Necesito… 


  
A la hora de la comida, los papás de Corina percibieron el ambiente tenso, a Horacio muy callado, a Corina muy nerviosa y algunas miradas de complicidad entre ellos. 
Cuando Horacio se despidió, don Paco lo acompaño hasta la camioneta, le dio una palmada en el hombro a Horacio, – hijo, adoro a Corina, y puedo ver en sus ojos que te ve como hombre, no me gustaría que le hicieras daño – Horacio quizo contestar y don Paco no lo dejo – no me digas nada, ahora no, que te vaya bien, te espero a desayunar el viernes -. 
En la avenida del pequeño y pintoresco pueblito, había una caseta telefónica, la chica que allí atendía conocía a Horacio, el le pregunto que si conocía a Corina, ella le dijo que si, y el le suplico por favor que le preguntara si le podía dar su numero de teléfono, y que guardara mucha discreción. Así fue, mas tarde por medio de un mensaje, Iris, le envió el número de Corina. 
Escribió Horacio: “Hola bonita, hoy me has hecho sentir el hombre mas feliz del mundo, un solo beso tuyo significa mucho mas cosas de lo que te puedas imaginar. Ojalá no hayas malinterpretado mi impulso, pero me vuelves loco” 
Corina respondió: “Horacio, cualquier cosa que halla vivido, no se compara en nada a esta experiencia tan intensa, pero tan hermosa. Hoy viene a visitarme Alfredo, terminaré con el” 

8.- El Beso 


  
Pues cuando la pasión desborda, es incontenible. Así pues llego Horacio de nueva cuenta al rancho. Don Paco cepillaba una bonita yegua alazana, Horacio se acercó, lo saludo y acaricio la enanca del fino animal. Le comento a don Paco, que los caballos eran una de sus pasiones. Don Paco le dijo que tenía esa y otros dos caballos mas, muy a la orden. – Seria bueno dar una vuelta a caballo, eso me ayudaría a poner en orden algunos pensamientos – pensó Horacio en voz alta. 
Empezó con sus labores, y cerca del medio día, le llego Corina en la yegua, – te traje agua fresca de limón, yo la prepare y me queda exquisita – le dio el bule, Horacio lo alcanzo lo dejo en el suelo y le dio la mano a Corina para que se bajara, ella dejo los estribos cruzo la pierna y se deslizó al estar en el suelo, ambos se sostenían de sus dos manos, se quedaron viendo, podían adivinar lo que cada uno sentía, el ambiente era candente, el le ofreció agua, ella bebió, le dio el bule, Horacio mas que beber beso donde Corina había puesto sus labios, bebió, y dijo – doblemente buena – colgó el bule en la cabeza de la silla, tomo por los brazos desnudos a Corina, ella lo veía sin decir nada; Horacio la miro toda sin ningún pudor, clavo la mirada en su escote en toda ella, la veía con insistencia, como descubriendo su existencia, Corina se le acercó y el beso fue inevitable, un beso de antología, sus labios húmedos y helados por la limonada, se fundían, sus cuerpos se pegaron, no separaban sus bocas, cada uno quería decir mil cosas con esa sublime caricia, el se separó, le beso los ojos, y volvió a prenderse en un beso que hizo lanzar a Corina un gemido de placer, les faltaba el aire, ella le dio la espalda suavemente, se recargo en la yegua y Horacio le hizo a un lado el cabello, le beso la nuca, el cuello y detrás de las orejas… No pudo mas y ella, se subió a la yegua y se fue a paso tranquilo a su casa, se detuvo y regreso a darle el bule a Horacio – te traía esto – le sonrió y se fue. 

7.- Desde el interior 


  
Por la mañana Corina se despertó excitada, alegre, pero al mismo tiempo desconcertada, había sentido alguna vez deseo, pero a sus 19 años nunca pensamientos tan intensamente eroticos como ahora, temblaba. 
Todo el día se acaricio los labios, simulaba un beso, se miraba en el espejo, se sentía hermosa, pero lo que mas deseaba era sentirse… ¡Mujer! 
Por su parte, Horacio no dejaba de pensar en ella, recordaba hasta la costura de la ropa interior de Corina que se dibujaba entre su ajustada ropa; los suspiros salían de El sin control, ese día no pudo concentrarse, su mente no dejaba de recordar a Corina. 
Algo diferente pasaba en su interior, algo que a sus 35 años no recordaba haber sentido jamás por nadie.