Los hombres del campo


Si algo me asombra en la vida, es la sabiduría y la sencillez del hombre de campo, el agricultor, el ganadero… Sin mayor pretensión que la de ser productivo, aprenden de las silenciosas pero impecables lecciones que les da la madre naturaleza. 
Con solo tocar la tierra los agricultores saben lo que necesita y que es lo que puede dar. Al levantar la mirada, el cielo les dice con asombrosa precisión, si viene agua, aire, y hasta la temperatura. 

Lo que se aprende en el campo, lo que sabe el agricultor, no se adquiere ni en la más prestigiosa universidad agrónoma. He conocido ingenieros que tienen como asesores a agricultores que en muchas ocasiones no terminaron la primaria siquiera. 
El ganadero también adquiere conocimientos que hasta podrían parecer chamianicos. Algunos con tan solo ver la res, te dicen con pasmosa exactitud el peso del animal, fallara la báscula, ellos no. Los animales reconocen a quien sabe, hay una energía, una especie de telepatía entre ellos. La ventean, dicen. 
Quién es alumno de la naturaleza y se gradúa en el campo y con los animales, tiene más que una maestría, sus conocimientos superan cualquier teoría escrita. 

  

Las más profundas metáforas que Jesús utilizo para dejarnos su poderoso mensaje de amor, estaban basadas en el campo; el maestro sabia, que quien aprendía así, seguramente alcanzaría la sabiduría y el despertar de su conciencia. 
Si desarrolláramos esa capacidad observadora de esos sencillos hombres de campo, les aseguro viviéramos en un mundo mejor, más justo. 
Es muy difícil encontrar en el ruidoso y superficial mundo cosmopolita, una mirada tan profunda y sincera como la que tiene un hombre de campo. 
Me he puesto a observar y fije la mirada en los sencillos, humildes y sabios hombres de campo. 
¡Tanto que aprender! 

Dos mujeres sin nombre, ni hombre.

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Ella era feliz, cuando menos eso aparentaba… con su mochila al hombro, deteniéndola con ambas manos, y no por ser pesada, le gustaba afianzarse así a sus cosas. 
Caderas pronunciadas, breve cintura, senos de regular tamaño, piernas torneadas que la llevaban a donde ella quería, y de verdad era adonde ella quería, sus lugares no eran los establecidos. Sus caireles de un pelo chino crespo, se movían al candente ritmo de su apresurado andar. 
¿Algún piropo? Eran varios, de su trabajo a la avenida eran tres largas cuadras que tenía que recorrer para tomar el autobús que la acercaría a casa. 
No le importaba lo que los hombres, en ocaciones hasta profirieran… Su mente y su corazón, estaban en otro lado, más allá del ensordecedor ruido de la ciudad. Pensaba si la llamada había dejado en su compañera la misma sensación de: “no quiero dejar de oírte”. ¿Los correos, el chat, la foto el comentario en la red social..? ¿Significarían algo para ella? ¿Cómo tomaría una insinuación de ella? La moral en aquel lugar distante no tiene más que prejuicios, pensaba esto y se preocupaba ¿cómo decirle a una mujer, que soy otra mujer que me estremezco con su voz, con sus mensajes, viendo sus fotos? 
Eso era lo que ella llevaba en mente, y los acosos, piropos, miradas, y falsas atenciones aderezadas de una perceptible lujuria, pasaban desapercibidas. 
Así fue, hasta que venció el miedo y su timidez, tuvo más valor que complejos para decirle a esa compañera suya, que era ya su mejor amiga, que su corazón latía más allá de lo común por ella, más allá de lo común… Ciertamente lo hizo con el temor de verse rechazada, incluso mal juzgada; era un sentimiento que no podía ya ocultar y que se derramaba hasta en el más mínimo detalle… —Tengo que decirle, tiene que saberlo, me es imposible ocultarlo — y le declaró ese sentimiento, de tal manera que fue más allá de un arrebato de confianza, fue una declaración, cierto, pero fue de amor. 

Sin tocarla físicamente había logrado transmitirle todo lo que por ella sentía; no era seducción, era algo más, y así con el alma abierta la cautivo… — ¿Pero? — fue lo que escucho antes de un: — sí, sí, te quiero, te quiero yo también, y no sabía cuánto hasta este preciso momento en que declaras lo que tú sientes; me sorprendo pero me gusta sentirme así, atrapada en la sorpresa y en el misterio, sé que esto es una aventura que se puede convertir en el destino de mi vida, yo estoy dispuesta a dejarme llevar por ti —.
Después de dos meses de continuar hablándose, escribiéndose y trabajando juntas a la distancia para la misma empresa, se encontraron en un aeropuerto húmedo y frío, pero la temperatura parecía perder su efecto en ellas, la sangre les hervía, querían mirarse, abrazarse y… besarse. 

Así fue como la recibió, así fue como empezaron, así fue como más allá de los estrógenos y progestágenos, de los que ella carecía, pues había sido víctima de una severa endometriosis que la había dejado sin ovarios, la abrazo, la beso, la tomó de ambas manos, después de mirarse cada una en los ojos de la otra profundamente, que empezaron una nueva vida. 
Después de un encuentro así, con la plena confianza y seguridad de lo que ellas eran, más allá de tabúes y prejuicios, lo que vino después, lo que enfrentaron, solo fue cuestión de no soltarse de la mano, de amarse y de continuar confiando una de la otra. 
Se tenían, y eso era lo único que necesitaban, esa era su verdadera fe. 

¿Festejar o reflexionar la batalla de Puebla? 


La batalla de Puebla, debe de ser motivo para sentirnos orgullosos de aquellos valientes compatriotas mexicanos, pero sobre todo para reflexionar nuestra actualidad. 
A pesar de tener dentro de nuestra nación a enemigos que apoyaban la invasión francesa (el Partido conservador, equivalente al nefasto PAN de hoy) valientes, aguerridos y orgullosos mexicanos aquel 5 de mayo de 1862, cubrieron de gloria a nuestra patria. 
Aquello fue el brillo más resplandeciente de una soberanía que se defendía con honor. 
Los militares mexicanos no atacaron a sus compatriotas en favor del extranjero a pesar de tener fuerzas políticas adversas que osaban con traicionar a su propia nación. 
Debemos de tener memoria, sin ella, la dignidad son solo ocho letras que no dicen nada. 
En aquel entonces teníamos a Benito Juárez, un presidente patriota y reformador en favor de los mexicanos; sus negociaciones eran para el bien común de nuestra nación. 
¡Cómo cambia el tiempo! 
Ahora, no sólo hay un partido político que gesta desde el corazón de nuestra patria en favor de los extranjeros como hace 154 años; ahora hay todo un sistema político que es parte de la maquinaria imperial que nos arrebata lo que les viene en gana, repartiendo migajas a “nuestros representantes” y estos a su vez dejando muerte y miseria a su paso por los puestos de elección popular, emanados de una falsa democracia. 
Ya no hay aquel glorioso ejército mexicano; ya no hay Generales como Ignacio Zaragoza que vivían con honor, dignidad y patriotismo. Que padecían en carne propia el discurso, no sólo lo pronunciaban, defendiendo así la soberanía de un México orgulloso, un gran país. 
¿En qué momento nos convertimos en despojos retrógradas, decadentes, ignorantes y mediocres? 
Ahora, el ejército se vuelve en contra del pueblo al que debiera defender. 
Aquellas palabras escritas a Napoleón III por parte de quien encabezaba la invasión: el conde de Lorencez, parece que las dijo hoy: 
“Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6,000 valientes soldados, ya soy dueño de México”
¡Qué lamentable! 

El tiempo de Sergio Romano 


Las redes sociales y los medios de comunicación, tienen que aprender a convivir. 
En este caso, se desprenden dos aristas que no se pueden pasar por alto para formar un juicio objetivo e imparcial. 
Por una parte, la famosa maestra Clarissa de Ciudad Obregon, Sonora, durante sus vacaciones en Los Cabos, Baja California, Sur, decidió estando en la playa competir en un concurso de baile sensual que tenía una bolsa de 260 dólares como premio al primer lugar, ella lo gano. El divertido evento quedó grabado, y esa evidencia dejo sin empleo a Clarissa, la maestra que daba clases en el Instituto Cumbre del Noroeste. La presión social y los padres de familia de los alumnos del mencionado colegio, obligaron a los directivos a exigir su renuncia.
En mi opinión, la maestra no está cometiendo ninguna falta; ella no está faltando el respeto a nadie, es simplemente: su vida privada; es un evento público, donde por esparcimiento para amenizar la época de los “spring break” se efectuó un certamen. 
Las redes sociales, son plataformas digitales que permiten por medio de internet dar difusión a la opinión de los ciudadanos, pero no son jueces, ni la opinión de la mayoría se tiene que tomar como un veredicto, aunque sean miles los que coincidan en un criterio. 
Puedo asegurar, que más de un padre de familia de ese prestigiado colegio, no obtienen sus ingresos de manera muy honesta. También es muy probable que muchos padres de familia hayan asistido a un table dance, o que alguna madre de familia haya presenciado una despedida de soltera donde la variedad sea un show de stripers, y posiblemente hasta ¡hayan bailado! ¿Eso los hace personas inmorales y no gratas? ¡Qué inquisidores! 
La sociedad es muy ambigua, por no decir hipócrita.

Los juicios más injustos, son por parte de personas de doble moral.  
Por el otro lado está un comunicador, un informador profesional que vive de los medios de comunicación, que se debe a un público que lo ha hecho ser protagonista de la información durante muchas décadas, me refiero a Sergio Romano Muñoz y Sandoval. 
Con respecto al escandaloso caso de la maestra Clarissa, (que insisto, en mi opinión personal no tenía por qué serlo), Sergio Romano se pronunció al aire, en la pantalla de miles de televidentes con un: “yo la mando matar”. 
No, no quiero participar en un linchamiento, tampoco fui yo quién aventó la primer piedra, ni quiero hacer leña de un frondoso y legendario árbol caído. Pero esa declaración no fue un gazapo que con un: “usted disculpe” quede como si nada. Es algo más grave. 
Precisamente por su gran trayectoria como comunicador, Sergio Romano debería saber que en México, siete mujeres pierden la vida de manera violenta diariamente. Debería de saber que hay regiones muy lastimadas donde las mujeres asesinadas o desaparecidas se convierten en simples estadísticas, y eso duele mucho. No debería ignorar que incluso aquí en la capital sonorense hay una alerta de género por la violencia en contra de la mujer. ¿A caso para Sergio Romano la trágica violencia y la imperante criminalidad no lo hace estar consciente de lo que dice? Él debe de saber que de tras de un: “yo la mando matar”, hay un sinnúmero de víctimas mortales en nuestro país, donde la afirmación sí se consuma. 
No, no fue un simple error. Tampoco es justificación decir que se dejó llevar por la efervescencia de las redes sociales sobre el tema de la maestra Clarissa; es más, esa excusa me parece pueril. 
Quizás sea el hartazgo de tanto tiempo al frente de los noticiarios; quizás sea el desgaste, la fricción de tantas opiniones; quizás sea el momento de darle la oportunidad a nuevos talentos; quizás ahora le toque a él dirigir y transmitir desde la oficina a nuevos comunicadores su experiencia. Eso es más valido. 
En la actualidad hay que ser más tolerante en los medios; se acabo el tiempo en que los únicos que tenían derecho a informar, dar su opinión y hacer análisis eran los periodistas, que muchas veces sesgaban la verdadera misión de la profesión y que es la imparcialidad. Ahora es una nueva era: la de las redes sociales. Hay que saberlas manejar, hay que convivir en armonía con ellas, hay que ser tolerantes, amigables, y estar por encima de cualquier provocación, porque todos en las redes sociales pueden opinar, pero los profesionales son los periodistas, y ese hecho, no sólo se debe de suponer, hay que ponerlo en práctica. 
Esta es otra época. 
Quizás es hora de capitalizar un error así, y retirarse del frente de batalla informativo, quizás sea el momento oportuno para hacerlo… con dignidad. 

 

¿Viviendo con culpas ajenas? 


Reflexión… 
Los testigos de Jehová, clarifican muy bien con su ejemplo lo que quiero decirles: Llegan a tu casa, no les importa lo que estés haciendo, les vale madre, pues ellos se sienten representantes de Dios, y no hay nada más importante, nada. Luego te atacan con preguntas que ellos esperan les contestes exactamente como lo dice la Biblia, y si no lo haces, señalan el versículo, y te lo leen. Si te disculpas amablemente para que te dejen en paz, insisten, no te sueltan; pero si te pones firme, y antes de mandarlos a la chingada definitivamente, les dices adiós, se te van a la yugular con la pregunta ¿le estás cerrando las puertas de tu casa a Dios? Y lo que hacen presintiendo que estás por dar el portazo, es clavarte el aguijón de la culpa, que después de haberse ido, extenderá su veneno: la duda, y te harás la pregunta: ¿soy un hijo de la chingada?, ¿hice bien? ¿A caso no tengo conciencia? 
No solo los testigos de Jehová, todas las religiones, las familias y la mayoría de las personas desde distintos ámbitos, si no te pueden convencer, te hacen sentir culpable, te hacen daño. 
¿Por qué te expulsan de de un clan familiar o de una religión? Te expulsan porque no soportan que pienses diferente; porque les resulta insoportable que no te dejes engañar; porque no pueden siquiera imaginar que tú puedas tener la razón.  
Pocas familias, viven en verdad esa bondad y esa armonía que aparentan. 
Si hay un pederasta en la familia, y tú lo señalas, estas atentando contra toda la familia, tú eres el culero. 
Tus tíos pudieron ser unos tiranos contigo, “así son, pero muy en el fondo te querían” eso está bien. Pero si tú eres indiferente con tus sobrinos, tú eres el culero. 
Tus hermanos te pueden ignorar y mandarte a la chingada un sinnúmero de veces, eso está bien. Pero con una vez que tú lo hagas, tú eres el culero. 
A ti te pudieron echar de tu casa con un patadón pintado en las nalgas, eso está bien. Pero si tú le llamas la atención fuerte a uno de tus hijos, tú eres el culero. 
Todo el mal que ellos te puedan hacer, tiene justificaciones que hasta parecen que vienen con salvoconducto divino. Todo lo justo que tú hagas, es una aberración. O sea, tú eres el culero. 
Si le mientas la madre a un cura pederasta, eres un sacrílego y te estás condenando en el fuego eterno del infierno. Si el cura abusa de un niño, es un ser humano que merece el perdón. Volvemos… el culero eres tú. 
¿Sabes de cuantas cosas eres culpable desde tu subconsciente porque así te lo han hecho creer sin que tú te des cuenta? Hay muchos botes de basura repletos, caminando por la calle con ¡un chingo de porquería de otras personas! 
Por eso yo no trato de convencer a nadie de nada, ni me aferro a que piensen exactamente como yo, o como lo dicte algún grupo, ni nada de eso. Yo apelo a mi libertad de expresarme, trato de provocar la reflexión, el pensamiento; busco despertar conciencias, que a su vez reflexionen, no que busquen un guía o un pastor. ¡No son borregos caray!
Por eso, a medida que evolucionas, te vas quedando con menos personas. 
Nacemos solos, hay sus excepciones, pero la regla es un parto individual. Pero lo que si va a suceder irremediablemente, es que a este mundo sí lo vas a dejar solo… te vas a ir tú solo. 
Con quien tienes que estar en verdadera armonía es contigo mismo, con quien tienes que estar en paz es contigo, nada más. 
¿Será necesario llegar hasta esa encrucijada final, para darte cuenta que la mayoría de culpas y complejos te los impusieron, y que así caminaste gran parte de tu vida? 
Hoy es tiempo. 

 

Papeles de Panamá, ¿un escándalo más para México? 


La política y la farándula cada vez tienen más similitudes, cada vez interactúan más entre sí. 
El escándalo: “Los papeles de Panamá” no destapa nada que no se supiera, cuando menos en nuestro querido México: políticos corruptos. Este trabajo periodístico señala con precisión y además documenta con pruebas contundentes a quienes no sólo evaden al fisco, sino a la justicia y a la que se supone debiera ser la “inteligencia financiera” de nuestra expoliada nación. 
En otros países, esta revelación seguramente tendrá consecuencias y graves para los políticos involucrados; muy probablemente causará la dimisión de quienes ostenten encumbrados puestos políticos. 
Pero… ¿qué pasará aquí en México? 
Los políticos mexicanos son hábiles en difuminar acusaciones en su contra. Si apelamos a la lógica mexicana, no pasará de ser lo que ahora es: un escándalo. 
Estamos tan acostumbrados a los escándalos de los políticos y somos tan aficionados a consumir este tipo de ediciones periodísticas de barahúnda política y farandulera, que lo hacemos hasta como pasatiempo. 
Debiéramos de reaccionar de diferente manera, esa es nuestra obligación como ciudadanos responsables e indignados con este tipo de prácticas corruptas que no cesan de hacernos un grave daño que para nadie es ya imperceptible. 
El estar realmente informado lo primero que crea es conciencia, no morbo. 
La evasión fiscal no es cualquier delito, es: el vehículo que arrebata ilegalmente los recursos sociales para terminar en el 1 % de de la población, donde se concentra la riqueza mundial. 
¿Hasta cuándo? 

  

¿Qué estás decretando? 


Reflexión… 
Es casi increíble ver cómo los decretos, cosas que decimos muchas veces sin pensar y que creemos sin importancia actúan con tanta precisión. 
Como ejemplos hay muchos, pero hay personas tan negativas que dicen: 

“ahora que vaya, va estar cerrado”   

“Yo nunca alcanzó lugar” 

“Siempre me toca al último” 

“Nunca me saco nada” 

“Siempre me dan lo mismo” 

“Siempre salgo perdiendo” 

“A mí no me hacen caso” 

“Todo mundo me chinga”

“No tengo suerte en el amor”… Y así, se van anticipando al peor de los resultados, inconscientemente hacen todo para que sucedan sus predicciones. 
De verdad, que hasta risa da la mala suerte de los que la pregonan. Es pasmosa la certeza de los “mala suerte”, pero ellos creen que eso va a suceder, y… ¡sucede! 
Para amainar su mala estrella, se dicen realistas, eso los hace sentirse un perdedor chingón, un infalible estadista de la desgracia. 
La realidad es ver las cosas con objetividad dándole su justa dimensión; la realidad es el acontecimiento, es la acción materializada; la realidad es el presente, no es la percepción, no es el vaso medio vacío o medio lleno, es la cantidad del agua lo objetivo.  

 
La negatividad es una confianza inversa, que lejos de la objetividad cree que todo va a salir mal. Es fruncirse ante un golpe imaginario, es un estrés constante e innecesario.
El positivismo es una confianza con dirección, es hacer de la objetividad su mejor aliado. Es creer que si hacemos lo necesario todo puede salir bien. Es acción, es el resultado de hacer que las cosas sucedan en nuestro favor. 
Y también hay una actitud neutra, a lo que yo le llamo: pendejísmo. Es creer que las cosas van a estar bien, nomas porque si, y que si salen mal, pues ni modo, “es lo que tenía que pasar”. A estas personas les da flojera hasta pensar, y permiten que agentes externos les diseñen su vida, solo se dejan llevar, no hacen el menor esfuerzo “¿para qué? Así son las cosas”. 
El que se siente orgulloso de no creer en nada, no cree ni en el mismo. 
A la confianza que precede a la acción, al verbo, yo le llamo: Fe. 
Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos, porque es el reflejo de lo que pensamos. Jesús, el filósofo, sabía perfectamente a lo que se refería cuando dijo: “No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.”
Y créanme, los decretos negativos son como las larvas de las moscas, engusanan, causan miasis en la vida y el alma de las personas. 
Y a los que no hacen nada, que miran sin comprometerse, que no saben lo que significa: compromiso ni solidaridad, pero que también estiran la mano, también hay que guardarles distancia. 
No hay que esperar mucho de nadie, a quien hay que aprender a exigirle es a nosotros mismos; nadie hará por ti más que lo que puedas hacer tú mismo. 
Cuidado.