La fuerza de voluntad.


Hoy en esta reflexión dominical, quiero platicar sobre la voluntad.

La voluntad, no se conjuga, se practica y punto.

A diferencia de los animales, los seres humanos, tenemos la capacidad de tomar decisiones se supone que razonadas. La genética en un animal, es la que define su comportamiento casi en su totalidad, la otra parte que es muy mínima, es el entorno.

Entonces los humanos, no podemos estar justificando todo lo que hacemos o decimos, por nuestro carácter, porque heredamos esa actitud de tal ó cual persona; los humanos venimos equipados con el gran poder del racionamiento y eso nos lleva a activar la voluntad.

El racionamiento desde luego, tiene que ser imparcial, ni siquiera nosotros podemos estar por encima de un razonamiento que sea justo, de lo contrario, vamos a empezar a lastimar a quienes nos rodean. Creo que aquí cabe la suprema enseñanza de Jesús: “Amar al prójimo, como a nosotros mismos”.

Bueno, después de razonar, se refuerza la voluntad, por ejemplo: “debo hacer esto, porque es lo mejor para todos” ó “no debo hacer aquello porque no es lo mejor para todos” y que quede claro, no es que debamos actuar para darle gusto a todos, simplemente como sea justo. Vivimos en una sociedad y siempre vamos a tener personas o nuestro lado, por eso es muy importante no ser egoísta y justificar nuestros arrebatos, sucediendo: “Así soy”, “no soy perfecto”, “lo heredé”, “me cegué” ó la clásica mamada de que: “soy de carácter fuerte” esa es la peor y la mas falsa, pues si tuviéramos carácter fuerte, lo primero que dominaríamos, sería a nosotros mismos.

Ya razonamos, reflexionamos, le dimos fuerza y dirección a nuestra voluntad, ahora viene el regalo, que se llama: “conciencia tranquila”.

Una cosa es la voluntad, y otra muy distinta la fuerza de voluntad, una cosa es la fuerza de voluntad y una más distinta es darle la dirección adecuada a esa fuerza de voluntad. Porque podemos tener voluntad y mucha fuerza para mandar a la chingada a todo el mundo, pero esa es una fuerza de voluntad, mal encausada.

Ojalá y aprendamos a dominar nuestro carácter y le demos dirección y fuerza a nuestra voluntad, cuando estemos en la plenitud de la vida; no cuando el tiempo, y la edad lo hagan por nosotros, ¿Sabes? Si es así, en lo que te haces viejo, lastimarás a mucha gente y tal vez a las personas que más te amén y más puedas querer. Debe ser muy lamentable, llegar a viejo con una voluntad débil, síntoma de una existencia obstinada y egoísta, donde seguramente hiciste sufrir a quienes te rodean. Seguramente, muchos te perdonarán siempre, pero si no fuiste capaz de cambiar, se alejarán de ti, sin rencor pero lastimados, porque por más que nos amén, nadie tiene porque lastimáramos y luego pedir perdón justificando el arranque con una excusa.

Ahora, que estamos a tiempo, luzcamos nuestra fuerza de voluntad con buenas intenciones, y que seas tu y tú corazón quien tome las decisiones en tu vida, no tus vicios, no tus complejos, no tus traumas, no tu egoísmo, no tu débil carácter.

Mauricio Ceballos

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