¿Por qué debemos decir adiós a los toros?


¿Por qué debemos decir adiós a los toros?

Hay muchos motivos. El más claro que alcanzo a vislumbrar, ante tantos y tan necios alegatos, es el respeto a la vida del animal, aunque desgraciadamente, no hayamos aprendido a respetar la vida humana.

Es un tema polémico en México, el decir adiós a la “Fiesta Brava”. Los aficionados, donde si hay afición, se resisten, no se imaginan los Domingos sin toros, ¿ Y de que platicarían el resto de la semana sino es de las faenas buenas y malas que los hicieron adictos al toreo y los volvieron asiduos espectadores fieles a las temporadas completas?

Aquellos villamelones, que pudiendo pagar los mejores tendidos de una plaza de toros, políticos, periodistas, actores, religiosos, empresarios y intelectuales, hacen alarde de su “afición” y se sienten de una clase superior; fuman puro y beben brandy, visten elegantes y se levantan emocionados a gritar el clásico “Olé” y aplauden divertidos, representando aquellos ridículos y fingidos emperadores de hace miles de años, ¡no evolucionan caray! Ignoran el valor del torero, y la manera en que dibujo esa faena, que pareciera una pincelada de artista sobre un lienzo, acompañada de una especie de danza, sin ritmo, con pasión y con movimientos precisos, como si la vida fuera en ellos… ¡Y si va! Muchos, ni así lo perciben, pero aún así, le llaman “arte”, van a los toros y aplauden en un arrebato de siniestra diversión.

La verdadera evolución del hombre, es buscar su propia sensibilidad; es buscar dentro de sí mismo, lo más humano, lo más razonable, lo que más respete al mundo que lo rodea. ¿Acaso permitir el martirio al toro, es evolución? No lo es.

Son prácticas milenarias, que se antojan salvajes, porque se permite tanta humillación al toro, un toro capaz de matar, pero no de razonar y es ahí, donde el ser humanó lleva toda la ventaja, y aún así, también los toreros han muerto, en ese desigual espectáculo, donde se humilla al toro y se aplaude la crueldad. Donde se ha escuchado decir: “He visto matar muriendo y morir matando”

¿Se imaginan el juego de pelota de piedra que practicaron como deporté nuestros antepasados? ¿Cuantos morirían en ese “espectáculo”? ¿Jugarlo ahora, sería un arte porqué se practicó hace miles de años?

¡No es arte, ni deporte, ni espectáculo permitir que un ser humanó arriesgue la vida de manera tan absurda ante un toro! ¡Tampoco puede ser una fiesta donde se humilla al animal, se le hiere, se le engaña y se le mata, se mutila y se obsequian sus apéndices como un trofeo, para que después su incompleto cadáver ensangrentado sea arrastrado y exhibido sin ningún respeto!

Es común ver religiosos de buen nivel en “la fiesta brava” pues son eventos donde asiste gente de alcurnia. Esto sucede en los pueblos y en distintas ciudades, grandes y pequeñas del país, donde lo mismo asisten a los toros, y después se van a misa. Eso no me asombra, pues ellos se postran ante la imagen de un hombre torturado, atormentado, humillado y muerto también con una espada en su costado. ¿Mala la comparación? Pero muy poca la diferencia. Estoy seguro que el rabino Jesús, no asistiría a “la fiesta brava” Pero para los católicos ¿qué más da? que muera así un animal, en esas mismas circunstancias que su Mesías, sino son capaces siquiera ni del asombro, viendo tantos cristos así, asesinados, tantos humanos sacrificados. No creo que su Dios sea un Dios de vivos, como ellos lo pregonan, más bien parece que adoran a un Dios de muertos. Por eso creo, que debemos decir adiós a los toros, por respeto al torero, al animal y al creador de la vida.

Mi padre, fue torero, conozco de cerca como es un evento taurino. Conviví de cerca con toreros, con toros, con quien los cría, con quien los transporta, y con quien los mata. Quiero dejar bien claro algo, por respeto a los que enfrentaron al toro y por la dignidad del toro sacrificado en las plazas. Ningún toro llega a la corrida enfermo, hay en los corrales un veterinario que supervisa el estado óptimo del animal. Son toros seleccionados, atléticos, bien alimentados, así llegan a las plazas. Jamás se rasuran astas (despuntar cuernos) de ningún toro, estas llegan naturales, los toros están armados de manera natural, de filosos pitones, que empujados con su bestial fuerza, son mortales. Personas ignorantes, que se dicen protectoras de los animales, han inventado estupideces por falta de argumentos sólidos, para exigir que se prohiban los toros.

No se necesitan decir mentiras. El toro, sus armas y su brutal fuerza, siempre estará en desventaja ante la superioridad del hombre, pues así fuimos creados, nuestra naturaleza humana e inteligencia es superior a cualquier animal.

Genéticamente el toro de lidia esta desgastado, esta tocando fondo, no hay lineas para refrescar la sangre, pronto los toros no tendrán más fuerza en las patas, tendrán muchas taras, la casta, bravura y nobleza del toro, irán desapareciendo, el toro esta decadente, la consanguinidad esta cobrando su factura. Por eso debemos decir adiós a los toros.

Como dijo Conchita Cintrón: “Conocí de cerca la miseria de todo lo que parece grande”

Ella, si sabía de toros, por eso los dejo sin demasiada pena. Por eso nosotros debemos de decir adiós a los toros.

Quizás, empezando a respetar la vida de los animales, el resultado sea que empecemos también a respetar la vida del ser humano. Podría ser.

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