Consejo de ancianos


En la historia, distintas civilizaciones, han recurrido al consejo de ancianos. Un grupo de personas mayores, con mucha experiencia que se traducía en sabiduría, que reflexionaban sobre los problemas y las posibles soluciones desde luego pensando sólo en un bien común.
El consejo de ancianos, era respetado y más que nada, era necesario, pues toda aquella rica experiencia no podría ser desperdiciada si lo que se buscaba era el bien para todos.

En una reflexión personal, he llegado a estas conclusiones: el anciano, es más imparcial, más justo, menos egoísta y muy generoso. El anciano, siente la necesidad de prevenir, es hábil estratega. Un anciano, por lo regular es íntegro, pues se sabe en la recta final de su vida y tiene la certeza que las cosas más valiosas no se compran con dinero. Es más difícil corromper a un anciano. Lo que un anciano quiere heredar, es conocimiento y experiencia. La mayoría de los ancianos, llegaron precisamente a ser adultos mayores, porque fueron prudentes, aprendieron de su propia experiencia y muy posiblemente también de la ajena.

Los consejos de ancianos en la historia, se fueron suprimiendo porque los gobernantes se sentían absolutos; su vanidad no les permitía aceptar consejo de nadie. Empezaron a ver a los ancianos decadentes y decrépitos porque no sucumbían ante su avaricia de riqueza y poder, los consideraron un estorbo. Así ahora, las naciones y sus políticas, carecen de una solida guía moral.

Obviamente los partidos políticos son quienes eligen internamente a quienes serán candidatos a representar a la sociedad. ¿Pero eligen a los mejores? ¿O a quienes les garantizan un beneficio particular y no común?
¿Acaso la mayoría de quienes resultaron electos, no resultaron también unos pillos?
¿Qué pasaría si existiera un consejo de ancianos que fuera quien diera el visto bueno a los candidatos de todos los partidos?

Deberíamos empezar a pensar en un futuro donde estemos incluidos todos, y convocar a un grupo de ancianos, de distintos oficios y profesiones que aporten su experiencia y sabiduría en bien de nuestro país. En un consejo de ancianos, caben perfectamente todas las ideologías, las corrientes, las creencias, las doctrinas, porque lo único que interesa es el bien común de México.

Los ancianos son una fuerza extraordinaria, no tienen desperdicio, no practican el derroche, son certeros, prudentes, mesurados… ¡Tienen muchas virtudes! Las mejores opiniones y los mejores análisis de las mejores plumas en México han sido regalos de los adultos mayores, algunos por desgracia ya no están con nosotros. No desdeño los opinologos jóvenes, hay unos muy buenos, pero en un futuro sin duda, serán excelentes.

En el consejo de ancianos no debe de haber rangos, ni credenciales, pero debe de haber ideas, iniciativas, inquietudes, valores y sobretodo experiencia al servicio de todos.

Creo que este es un gran tema. Vale la pena que lo reflexionemos, pues es nuestro origen y de eso, puede depender un mejor futuro.
¡Un viejo es un tesoro!

Con la colaboración de Don José María Ceballos, mi padre.

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