El final


La trayectoria de la vida es imparable, no puedes mas que vivirla. Las etapas no nos pertenecen, solo puedes aprovecharlas. El tiempo es inexorable, nada puedes hacer ante el que lo conmueva. Lo único que nos pertenece es el instante fugaz del presente efímero. La suma de esos santiamén, son los que definen el resultado de nuestros actos, reflejo de nuestras acciones, de nuestros pensamientos vueltos realidad por decretos propios. ¿Qué pensaste, que soñaste, que leíste, que imaginaste, que fue lo que dijiste? Porqué eso es lo que eres, lo que te determina.

Nada te define mejor que tus acciones.

Al final de la trayectoria, de las etapas, del tiempo, nada puedes hacer, pues no te pertenecen, sobre eso no ejerces ningún poder.

Entonces viene la gran prueba, la aceptación del destino incierto, caprichoso y muchas veces cruel, y que ni la vida de santidad puede manipular.

Es ahí donde en silencio te encuentras de frente con ese poder superior y donde ya vencido, agonizante y trémulo, sólo te quedan dos caminos… Aceptar esta última prueba, con virtuosidad y templanza, agradeciendo todas las bendiciones recibidas, o renegar al creador que te dio el ser, reclamando algo que no nos pertenece.

Nos tenemos que marchar, y hay que decidir si nos vamos en un cálido destello de luz de la mano de Dios, o nos vamos en una fría oscuridad de nuestro egoísmo e ingratitud.

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