Navegando a un puerto seguro.


Me imagine que nacemos en un pedazo de tierra en medio de la inmensidad del océano, en forma de un pequeño barquito, y que para llegar al continente, a tierra firme y a un puerto seguro necesitas aprender a navegar.

Las distancias en el mar, por lo regular, no parecen tan grandes, incluso se pueden vislumbrar montañas tierra adentro desde cientos de kilómetros. Y eso, puede engañar a cualquiera.

Muchos, una triste mayoría, quieren llegar a esa tierra prometida, rápido y sin que les cueste nada de trabajo, y pierden el tiempo, gastan energías creyendo que son muy inteligentes que improvisando atajos, llegarán primero, esos barquitos, no avanzan, e incluso cuando hacen una pausa para ver que pasa, rebasaron ya su pedazo de tierra inicial… ¡pero para atrás! ¡Ya están más lejos que cuando iniciaron!

Unos zarpan con flojera, no previenen y creen que un poder superior, hará el esfuerzo y la previsión que ellos por indiferencia no hacen para llegar al puerto. Como lógicamente se demoran más, esperan que mágicamente, llegara una fuerza que los llevara incluso a arribar primero que los activos y previsores barcos, a esos los mediocres los ven como unos pendejos. Pero de pronto, la distancia se hace insoportable, y sin provisiones, se empiezan a desesperar, se sienten frustrados, se creen traicionados, y empiezan a maldecir y a culpar a ese poder superior en el que “confiaban” y que no les ayudo.

Otros zarpan con descomunal fuerza, y obvio, pronto se cansan, y se empiezan a rezagar. La falta de fuerza, da como resultado la pérdida de la autoconfianza, y llega la desesperanza. Entonces, se dan cuenta que van igual que aquel perezoso, pues ambos, navegan con la amargura que sorprende al que recarga sus responsabilidades, en mágicas fantasías.

Otros zarpan en el desmadre, creen que de esa manera, cuando menos piensan, estarán ya del otro lado. Pero la vida agitada y loca, también cansa rápido, y de pronto van navegando a los mismos nudos que los rezagados mediocres. Entonces, viene la frustración, y la envidia que les causa ver que otros sí avanzan.

Otros zarpan con miedo, y en la primer pequeña tormenta, se paralizan, sienten pues que no sobrevivirán e incluso muchos regresan, y luego lo intentan, y así pasan el tiempo, y cuando voltean, se ven entre puro navegante frustrado.

Otros tratan de engañar a los demás navegantes, y los quieren convencer de alguna manera a que los ayuden a navegar. Pierden tanto tiempo buscando quien haga lo que a ellos corresponde, que pronto sin darse cuenta, los parásitos, están en medio de esas muchas naves, naufragando en la flota la mediocridad.

Entre muchas cosas, la flota de la mediocridad, tiene también en común, que aquellas grandes y seguras embarcaciones que navegan con maestría la inmensidad del mar, les ofrecieron seguirles, para llevarlos a puertos seguros, pero ellos, los mediocres, vividores, frágiles veletas e ilusos parásitos, no quisieron, porque esa ruta, parecía la más larga… era una tontería, pensaban. Los ignoraron.

Algunos entienden que cometieron un error, que nunca es tarde, se separan de la flota de la mediocridad y esperan la oportunidad de tener a la vista, esa gran embarcación, que seguramente, los llevara al puerto de la plenitud y la verdadera realización.

Todos iniciamos a timonear desde cero. Algunos pensarán:
“Muchos ya nacieron ricos”
– La riqueza no es ni la realización ni la plenitud, la mayoría de los ricos son avaros, inseguros, miedosos y mediocres.
“Muchos nacen con suerte”
– Para conservar la “suerte” hay que hacer un gran esfuerzo, pues quien la entrega, siempre exige.
“No es lo mismo para todos”
– Entonces, aún estás en la flota de la mediocridad. Y te daré el nombre de uno de los barcos más admirables, para que compares tus condiciones con las de el: Nick Vujicic.

La frustración, el recelo y la ingratitud, son el resultado de sumar apatía, pereza y lujuria. Quienes así son, no les gusta pagar el precio justo de las cosas, y muchas veces se esconden en una Fe, muy parecida a la religiosa, en una inteligencia muy similar a la perversidad, y en una alegría muy parecida a la que se vive en los burdeles. Si, se ocultan ahí, para culpar a “agentes externos” les llaman: Dios y circunstancias.

Quien culpa a Dios, a la vida, y a las circunstancias por no poder llegar al puerto de la realización y plenitud, lo hacen porque no han querido entender que nadie los ha engañado. Esto nos lo deja claro Lucas: “Dejar que Jesús reine en mi alma, es abrirle las puertas para que Él haga lo que quiera conmigo”

Déjame agregar, que Jesus es un experto navegante. ¿Le has dejado orientar las velas de barca siquiera? ¡Lo puede hacer de manera magistral desde tu propio corazón!, pues el testimonio de ello, son aquellas embarcaciones que navegan fastuosas y seguras por los mares de la vida.

No hay otra manera de trascender si no estamos realizados y plenos. Llegar a un plano superior es imposible desde la mediocridad.

¿Y tú, para donde navegas?

Feliz domingo.

20140112-125532.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s