Colosio, 20 años después.


Entre el ser y parecer, hay una abismal diferencia, y el sonorense Luis Donaldo Colosio Murrieta: ¡era!

Quienes conocimos de cerca al finado político sonorense, nos dimos cuenta de la armonía con la que se desenvolvía, de su radiante carisma y de su gran personalidad. Cuando estabas cerca de Colosio algo indeleble se quedaba contigo.

Sus discursos, superaban la habilidad de cualquier profesional en la materia, no necesitaba asesores para decir lo que sentía. Sus discursos los extraía desde la profundidad de su convicción; era un hombre justo, sensible, seguro de su vocación de servir, y tenía el ardiente deseo de hacerlo.

Era el político ideal para un pueblo al qué el describió así:

“- Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.
– Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar El Progreso”.

No he vuelto escuchar a ningún líder, ni político mexicano transmitir lo que en realidad siente, así como lo hizo Colosio en su polémico y vibrante discurso del 6 de marzo de 1994; 17 días después por la tarde… estaría ya muerto.

La trágica muerte de Colosio, fue el parteaguas de la historia moderna de México, que fue la peor. Fue necesario segar la vida de un sensible joven político, para que el Yunque tuviera la oportunidad
de tener representación en Los Pinos.

Después de Colosio, no hubiera existido un futuro para los perversos panistas en Los Pinos, cuando menos no enseguida del sexenio del oriundo de Magdalena de Kino, Sonora. Pero estoy seguro que los mexicanos, no hubiéramos tenido que vivir en carne propia las humillaciones, el retroceso, las pérdidas de derechos y garantías y los mortales agravios que nos dejo la docena trágica del PAN.

Después de Colosio, la política en México, hubiera evolucionado al mismo ritmo que la sociedad mexicana. Sin embargo, desde Ernesto Zedillo, la debacle política y social, fue inminente. Después la necrosis contamino el vulnerable tejido social, y ahora después de 20 años, estamos peor que nunca.

Dijo Colosio:

– ¡México no quiere aventuras políticas!. ¡México no quiere saltos al vacío!. ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces!. ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!

Bajo estos valiosos preceptos: Zedillo no estaría en el autoexilió recibiendo entre tantas entradas económicas, una pensión de 881 mil pesos mensuales (la que le otorga el Banco de México); Fox no estaría burlándose todos los días de los mexicanos y disfrutando el y su familia (los hijos de la Shagún, sus entenados) de negocios multimillonarios (corruptos) y además de: inmunidad; Calderón no hubiera hecho tanto daño derramando su perversión en una psicótica agresión a la indefensa sociedad mexicana aludiendo a la “divina providencia” su nefasta estancia en Los Pinos.

Si hace 20 años no se hubiera cometido ese cobarde y atroz crimen, seguramente no seríamos un país de maravilla, pero sin duda, sí seríamos un: mucho mejor país.

¡Hacía falta un político como Luis Donaldo Colosio Murrieta! era la punta de lanza de una nueva generación de políticos.

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