Censurar al engaño.


Son 35 los mexicanos más ricos y poderosos que controlan la economía y la política de un país con 56 millones de pobres, de los cuales 11.5 millones viven en pobreza extrema.

¡Nos han convertido en un país de obreros!

En México 59.13% pertenece a la clase baja. 39.16% de clase media y 1.71% de clase alta.

Sin embargo los números macroeconómicos le dan la razón a los gobernantes, y los políticos sienten que están haciendo bien su trabajo, pues están sirviendo de manera efectiva al crecimiento de la economía. Si, pero a la economía de unos cuantos nada más; a la economía de los millonarios, de los que mandan en este país.

De esta manera, los gobiernos y los políticos, justifican su “trabajo” pues según ellos con esos resultados en favor de los grupos económicos más poderosos, garantizan trabajo para el grosso de la sociedad. Si, un trabajo con sueldos miserables, sin derecho a nada y sin garantías. Ese es el punto de quiebre, donde la equidad se desgaja, y sigue cuesta abajo, en dirección a un precipicio, que parece no tener fin.

Esta caída vertical de la igualdad, genera descontento social; la impotencia genera irá, y se buscan todos los canales posibles para gritar nuestro descontento, para exponer nuestras razones, razones sustentadas en una injusta realidad.

Estas manifestaciones de reclamo, que cada día son más, se están saliendo de un control. Las redes sociales y la inmensidad de internet, se convierten en una franca amenaza para los privilegios del poder, y la sombra de un águila llamada libertad, que agita sus alas, para emprender el vuelo, es el preludio inminente de un despertar colectivo, que el gobierno trata de evitar.

Lo que para la mayoría de mexicanos es una luz de esperanza, y me refiero al poder del libre internet, para el gobierno es también una luz, pero una luz ámbar que los alerta, y es por eso que intentan controlar contenidos y censurar lo que para ellos represente una amenaza a sus intereses, que no son los de la mayoría de mexicanos, patente está.

Los que mentimos, no somos millones de mexicanos, los que mienten, son quienes con nuestro dinero, tienen que pagar millones de pesos para tratar de engañar a la sociedad. Ya no.

En un texto de Álvaro Delgado, publicado en la revista Proceso, este nos describe claramente un millonario derroche. — En su último año de gobierno Felipe Calderón gastó sólo en publicidad gubernamental casi 7 mil millones de pesos, equivalentes a lo que entrega bimestralmente el programa Oportunidades a 6.5 millones de familias en extrema pobreza y el doble de lo que gastarán los siete partidos políticos en 2013. —

Otro ejemplo, es la campaña de la reforma energética del actual gobierno, esa nos costo 10 millones de pesos diarios durante los 36 días de su duración.

La propuesta no sólo de un servidor, la propuesta millones de mexicanos, es que no queremos ni un segundo más de promoción y publicidad del gobierno en ningún medio, llámese televisión, radio y prensa escrita.

Que sean los resultados tangibles los que hablen por sí mismos. Si los gobernantes quieren hacerse promoción, que trabajen, que salgan a las calles, que la proximidad social sea real y no el contenido de un spot.

Que los medios hagan un esfuerzo por subsistir honradamente, no sólo estirando la mano al gobierno para que este les dicte la línea editorial. Eso es corrupción.

A quienes deberíamos exigir no más engaños, es a los políticos demagogos, que sí son una amenaza, que fomentan la violencia, la corrupción y que son el vivo reflejo del fraude en lo que debiera ser la voluntad social.

Ahí está el reto señores políticos, ¡la inmensidad de la red! En igualdad de circunstancias para todos. Interactuen y trabajen en las redes sociales, herramientas imprescindibles en la actualidad, (eso no nos cuesta tanto) creen sus propios blogs, y páginas, hagan un esfuerzo, y nutran sus contenidos con la verdad.

Señores políticos: ¿Quieren que los lean? Digan la verdad, escriban realidades, denle calidad a sus espacios, sean honestos, trabajen duro, desquiten el sueldo con resultados, dejen a un lado la vida social, no busquen los reflectores, y dejen de derrochar nuestro dinero en apariencias y simulaciones, pagando millones a los medios de comunicación que se han vuelto expertos en embustes, tretas, artimañas, en crear confusión y trajes a la medida.

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