Vacío de la abundancia.


¿SUFREN TUS HIJOS EL “ VACÍO DE LA ABUNDANCIA”?

Por: Psic. Julia Borbolla Hano

“Mamá, papá, cómprame algo” Es una de las frases más comunes de los niños de hoy. Esos mismos que tienen en casa un arsenal de juguetes olvidados, incompletos o simplemente pasados de moda y que siguen pidiendo que se les compre todo lo que ven y rápido.

Para esos pequeños tiranos la ilusión del juguete dura menos que lo que tardaron en abrirlo y ese es el claro síndrome del “vacío de la abundancia”. El síndrome moderno que esta atacando a chicos y grandes y consiste en darle poco valor a lo que se tiene y mucho a lo que aún no se ha adquirido. El placer verdadero, en este caso, radica en el hecho de comprar, de adquirir, de acumular, más que en el beneficio de lo que se compra.

Si bien es cierto que la imaginación de un niño puede convertir cualquier piedra, bote o liga en el mejor juguete; esa misma imaginación puede potenciarse con los juguetes actuales que además estimularán su desarrollo y lo divierten; sin embargo, cuando caemos en excesos, y lo enfrentamos a una multitud de posibilidades, lejos de ayudarlo lo confundimos.

Cuando un niño, niña o adolescente tiene que invertir mucho tiempo y energía en elegir, experimenta una gran incertidumbre que lo pone ansioso. “Quiero el rojo…no no…el azul…no el verde…mejor el amarillo” y al final son muchos más los que deja que el que se lleva, haciendo que éste ultimo pierda valor. El pensamiento inmediato es: “Hubiera escogido el otro” y de esta manera se eslabona una cadena sin fin de posibilidades perdidas, supuestos fracasos al elegir y sensación de carencia que a su vez lo impulsa a querer mas y mas.

Lo anterior, como ya hemos visto, es fruto del intenso consumismo en el que vivimos. Hoy en día se dedica más tiempo en compras que nunca en la historia de la humanidad. En vez de ir al parque, o a visitar un familiar, el paseo dominical es ir a un centro comercial y esto afecta a los niños y jóvenes, que están formando su personalidad, y al estilo de convivencia familiar.

Los padres premiamos, compensamos tiempo y culpas o demostramos amor comprándoles a nuestros hijos todo lo que nos piden, aunque ello signifique endeudarnos a mil meses sin intereses. Luego nos damos cuenta de que esto no funciona para que nos quieran más, nos quejamos y les reprochamos que nos vean como simples proveedores. Por otro lado, los abuelos, tíos y amigos contribuyen a esa abundancia. ¿Cuántas cosas recibieron tus hijos en la navidad pasada? ¿Dónde y cómo están hoy esas pertenencias?

Cuando nos damos cuenta de esto y queremos corregirlo ya los hemos acostumbrado y entonces la austeridad o sencillez que queremos implantar en casa es interpretada como tacañería y descenso en el estatus social.
Al final del camino encontramos hijos aburridos, insatisfechos, sobre demandantes y padres frustrados que han criado hijos “ingratos”. Ambos sintiéndose vacíos en medio de la abundancia. Este problema no se trata solo de comprar o de ahorrar; sino del significado que se le ha dado al hecho de tener para ser y pertenecer. Si un niño se cree valioso o querido por lo que le compran, será difícil cambiarle esta visión más adelante; pero ni imposible.

Hay 7 competencias que los padres debemos ejercitar si queremos retomar lo valioso del pasado y sacar buen fruto de las ventajas de presente.

1.- TRABAJA CONTIGO MISMO:
Lo primero y más importante es hacer conciencia de que esto nos ocurre y vencer la tentación de comprar por comprar, comprar como premio, como expiación, como método de control “si te portas bien, te compro” o lo que es peor: como lenguaje de amor. Esto no es fácil porque implica sustituir estas estrategias “afectivo-mercantiles” por tiempo y calidad de convivencia y premios emocionales, como sería sentarse un ratito a jugar, decirle un halago oportuno o simplemente estar más atentos a lo que nuestros hijos hacen bien que a sus errores.

Analiza tus recuerdos más entrañables de la infancia y seguramente no se refieren a posesiones sino a experiencias emocionales. A juegos muy simples, a bromas o travesuras que ocurrieron una vez pero de las que te has reído veinte veces en familia.

Analiza qué herencia conservas de tu padres, de tus abuelos, de tus maestros y verás que más que bienes son afectos, emociones, mensajes.

Y por último analiza que tanto estas compensando tus carencias a través de lo que das o lo que permites a tus hijos. Si es así déjame decirte que nunca terminarás porque nadie puede volver al pasado en el presente de otro. Tal vez muchas de tus carencias resultaron motores de progreso, tal vez muchos de tus huecos de amor infantil se convirtieron en espacios para alojar muchos amores de adulto.

Este análisis personal te dará fuerza para seguir adelante en la siguiente competencia.

2.-RESISTE LA FUERTE CAÍDA DE TU POPULARIDAD:
No esperes que tus hijos comprendan hoy el porqué de negarles algunas cosas. Mucho menos los adolescentes. Ellos pensarán que eres el peor papá o mamá del mundo, pues el resto de sus compañeros llevan los tenis de marca y el último modelo de celular.

No esperes que acepten con agrado las normas de disciplina y las limitaciones que tanto los frustran. Pelearán por regresar a lo cómodo, lo inmediato; pero en la medida en que no lo obtengan se irán haciendo más fuertes sin siquiera darse cuenta.

Si resistes este duro embate a tu “raiting” tal vez recibirás más tarde el reconocimiento o simplemente tu satisfacción personal y los frutos de tener hijos adultos que puedan disfrutar de tener cosas y ser competitivos sin cifrar su valía en una cuenta bancaria ni sacrificar su paz interior por mantener un status social.

Si, irás contra corriente, como los salmones en el río; pero también como ellos asegurarás una buena descendencia.

3- AYUDA A TUS HIJOS A IDENTIFICAR QUE ES LO QUE VERDADERAMENTE QUIEREN:
¿Sabías que para una niña o un niño pequeño es lo mismo lo qué quiere que lo que espera? En su proceso mental quiere una pelota porque espera jugar con papá o quiere una bolsa porque espera acompañar a mamá al mercado. Por eso es fundamental ayudar a nuestros hijos a conocerse y escuchar sus verdaderas necesidades y expectativas internas y saber si aquello que quieren viene acompañado o no de lo que esperan.
Un adolescente quiere el mejor celular porque espera obtener aceptación de sus pares y quiere ropa porque espera obtener seguridad con ella.

Dales primero una “probadita” de eso que quieren, para que analicen si les dio lo que esperaban y después aclárales que una vez tomada la elección no habrá vuelta atrás, por lo que deben tener claro si en verdad lo necesitan o lo quieren y para qué.

No eres mejor padre si das más, o si das siempre. Serás mejor padre si tus hijos aprenden bien a elegir y a necesitar menos cosas.

4.-DA CON GRADUACION:
En nuestra cultura, el dar en abundancia a los hijos no está relacionado con la capacidad económica sino con un mandato generacional que nos dice “Primero te quedas sin nada que negarle algo a tus hijos”. Por eso vemos a la niña en el festival de la primavera con un espectacular atuendo de mariposa para el cual se tuvo que ocupar el dinero del gas, la luz y la renta. Por eso vemos a un padre en una profunda depresión por no tener para la fiesta de quince años, como si toda una vida de trabajo amor y dedicación se fuera por la coladora si dejas de proveer.

Si a los 8 años ya les damos una laptop ¿Qué querrá a los 12? Muchas veces los papás damos lo que nosotros mismos hubiéramos querido tener y nos aceleramos sintiendo que así somos mejores padres.

5.-LIMITA LAS OPCIONES:
“Puedes elegir entre este dulce y la paleta, los chicles no entran en las opciones”.
Los niños deben aprender a elegir y vivir la experiencia de renunciar; pero este ejercicio debe comenzarse de poco a poco. Empieza por dos opciones, tal vez tres más adelante; pero no abras el abanico más allá de su verdadera capacidad. Aunque te encuentres en posibilidades de comprarles la dulcería entera, hazlo por ellos, no por ti.

6.-PROMUEVE QUE CONJUGUEN EL “HABRÁ” EN VEZ DEL “HUBIERA”
“Si hubiera escogido el otro no se hubiera roto tan rápido”…Ya habrá oportunidad de elegir nuevamente y entonces habrá que fijarse mejor.

Si la elección que hizo el niño no lo dejó satisfecho, permítele vivir la experiencia para que en futuras ocasiones lo piense mejor o lo evalúe de otra forma. Se que esto implica disgustos y tal vez un fuerte berrinche; pero no hay mejor manera de aprender la tolerancia a la frustración que a través de las frustraciones.

7.-CREA PARA TUS HIJOS UNA MEJOR PERCEPCION DE LO QUE ES EL BIENESTAR
¿Qué quiero para mis hijos?- ¿Qué necesitan realmente? -¿Cómo quiero que vivan? -¿Qué es opcional y que no lo es? Cada quien debe configurar su propia filosofía del buen vivir de manera consciente y explícita. Estas son las preguntas más importantes que debemos hacernos al educar. Si logramos poner en ellos por encima el SER sobre el TENER, nuestra labor estará cumplida y los habremos salvado del vacío de la abundancia.

Psic. Julia Borbolla

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