La dignidad


Hay un ingrediente insustituible en la vida de las personas con éxito, y eso se llama dignidad.

Ojo, dije: éxito. El éxito no es sinónimo de riqueza.

También hay que aclarar que la dignidad, el orgullo exaltado y la soberbia, tampoco son equivalentes entre sí.

Antes que nada hay que estar en armonía con nosotros mismos, con nuestro interior y exterior, eso es transparencia y se llama congruencia, pues puedes ver el interior de las personas sin escudriñar tanto. Una persona en armonía obvio es una persona plena y alguien así, se ama y se respeta a sí mismo y vive el significado intrínseco de la palabra: dignidad.

Yo veo a la dignidad como una línea imaginaria que nos alerta de situaciones que nos pueden dañar. Cuando alguien viola los límites que nosotros hemos establecido para nuestra personal protección, hay que poner un alto; hay que dejar en claro, que en un momento dado no tenemos temor a la autonomía, y que de ser necesario, podemos prescindir de quién sea para mantenernos a flote. Quién tiene dignidad, tiene mejor juicio sobre su propia persona, antes que nada se domina a sí mismo, es el resultado de la auto confianza. Si tu tienes un caballo campeón, lo cuidas, porque sabes de lo que es capaz. Lo mismo pasa con nosotros mismos.

Las personas sin dignidad, son capaz de cualquier cosa, por cualquier cosa. Son inmunes a las humillaciones, no tienen límites establecidos de auto protección, cualquiera les puede dañar. Así cómo son insensibles a las vejaciones, lo son también para crear relaciones afectivas; no se aman a sí mismos, y por ende, no saben amar a los demás. Una persona sin dignidad es una persona que no se tiene respeto, así que no esperes que te respete a ti. Quién no valora a las demás personas, tampoco se sabe valorar a si mismo. ¡Quién no tiene dignidad se vendé barato!

La dignidad si es proporcional, todo depende del nivel de tu autoestima.

La traición, la ofensa, la calumnia, son agravios inminentes que vienen de personas que carecen de dignidad.

La dignidad se lleva bien con la humildad. La egolatría y el narcisismo, no son parte de la dignidad, esas son cosas muy distintas.

Es imposible enseñar a alguien a tener dignidad; lo que si se puede enseñar es a valorarse y a valorar, después la dignidad se manifestará como consecuencia.

Jesús lo dejo muy claro cuando dijo: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Pues a vivir con dignidad; y mi recomendación es cuidarse de los indignos, y de ser posible evitarlos.

Feliz domingo.

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