La verdadera verdad histórica de México


Yo veo a quienes dicen estar protagonizando la historia de mi país, y me avergüenzo profundamente de ellos.

Pregunto: ¿puede un títere ser protagonista o antagonista de una historia? Es el titiritero el del mérito, cuando menos del manejo del guiñol.

Uno de nuestros graves problemas, es que siempre terminamos creyendo las historias que nos cuentan. No hemos sido capaces de escribirla nosotros mismos, siempre le damos la atribución a quienes nos oprimen; somos indiferentes a los acontecimientos trascendentales en su momento preciso.

La irresponsabilidad de los mexicanos, que se niegan a involucrarse en los sucesos contemporáneos, han dejado que otros sean los que escriban nuestra propia historia, condenándonos a erguir nuestro futuro en una falacia.

Es preocupante que los historiadores que deberían ser apasionados de la verdad, le tengan más pasión al poder, al dinero y a la posición social. Aquí en México esa es la realidad. Historia a la carta.

Nuestro origen, nuestros anales, nuestra realidad dista mucho del engaño que llaman: “verdad histórica”

La historia de México, que esta plasmada en los libros a los que tenemos acceso, es una distorsión de la realidad.

Los que se ostentan como protagonistas, solo han sido marionetas de un plan perfectamente estructurado que se maquina desde el exterior. Es insultante su ignorancia, su ineptitud, su cinismo. Obviamente no tienen la más mínima capacidad de escribir nada que valga la pena. Se han conformado con migajas. ¡Serviles lisonjeros del imperio!

No hay soberanía, nuestra “democracia” es un circo. Los verdaderos líderes sociales yacen inertes, quienes han corrido con suerte, en algún panteón, otros menos afortunados, en alguna fosa clandestina, otros en las cenizas de una hoguera ignota, o disueltos en algún ácido, convertidos en una mancha viscosa en alguna parte del olvidado campo mexicano.

Y los que hoy en vida reclaman justicia en pos de un México libre, corren un inminente riesgo de perder la vida, o desaparecer para siempre, como si la tierra se tragara a quien osa enfrentar al poderoso, a su amo.

¿Cuándo dejaremos de ser los extras de nuestra historia y tomaremos con valor nuestro derecho de ser protagonistas de nuestra propia historia?

La única verdad histórica que no está escrita y que nació condenada a la incógnita, es el abuso del que hemos sido objeto con el paso de los años.

Nos hemos vuelto las pasivas piezas de un ajedrez, con el que los poderosos desde lo más alto de su imperio mueven en aras de incrementar sus insolentes fortunas, al mismo ritmo que crecen las injusticias y la pobreza en el mundo.

¿Hasta cuando?

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