10.- Nuestra libertad 


  
Corina, terminó su noviazgo con Alfredo, no fue fácil, el joven estaba enamorado perdidamente de ella. Corina fue firme, y dejo las cosas en claro: – no me gusta mentir, no me gusta engañar, no te amo y no quiero que nos hagamos daño -. 
Por su parte Horacio, el jueves hablo con la madre de su pequeño hijo, le pidió que acelerará el proceso de divorcio, que no complicará las cosas… Thelma, la madre de su hijo, se sorprendió y le dijo que estaba pensando en una oportunidad, Horacio fue firme, demasiado honesto y le dijo que no, que en su corazón solo cabía una mujer, y esa no era ella. Despechada le colgó. 
Recordó Horacio lo difícil que había sido tratar de llevar una vida en paz con una mujer que estaba acostumbrada a vivir en conflicto. Discutía por todo, nada le parecía, todo era poco, y lo poco era nada. No valoro la voluntad de Horacio de salvar su matrimonio, ambos tenían proyectos diferentes y la relación se fue a pique. Le dolía la situación de su hijo, pero prefería verlo tranquilo y no en medio de pleitos y ofensas sin sentido. – Es lo mejor – pensó. 

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