4.- La decepción 


  
Al fin un pueblo. Llego el fin de semana y sentado en una banca del pintoresco jardín, Horacio vio a su Dulcinea, una blusa morada, con un generoso escote, un pantalón negro pintado en su sensual figura, una mascada con figuras moradas y negras, zapatillas altas, que la hacían verse espectacular, a pesar de que ella era más bien bajita de estatura. 

Entre la multitud, ella sintió la mirada, y también lo vio, se encontraron las miradas y se perdieron segundos mágicos… Cuando Horacio reaccionó, se dio cuenta que ella iba del brazo de un hombre muy joven, quizás 20 años. Bajo la mirada, se levanto de la banca y se fue caminando. 
Corina lo siguió con la mirada, Alfredo su novio, noto algo raro en ella, busco que era lo que miraba con tanta insistencia, pero solo vio la multitud del jardín del pueblo en un día domingo. 
Horacio se sintió un estúpido, pensó: – ¿que me pasa? Posiblemente le doblo la edad -. Tampoco eso la borro de su mente, todo lo contrario. 
Desde la terraza del bar, busco a Corina que daba vueltas en la plaza del brazo del joven, y le acariciaba todo el cuerpo con la mirada, suspirando y bebiendo su tequila con toronja, y secando la humedad del cantarito de barro con un dedo. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s