Luchadores sociales, activistas y periodistas, enemigos del gobierno 


¡Qué curiosa es la política mexicana! 
Los verdaderos crimínales que de verdad hacen daño a la nación, pero que apoyan, adulan o simplemente no molestan a los políticos, ni se preocupan por el verdadero bienestar social, que buscan egoístamente solo su beneficio, no sólo gozan del beneplácito de los políticos, de su amistad, también disfrutan de su inmunidad. ¡Hacen lo que se les da su chingada gana! 
Si alguien los logra demandar, tan solo para integrar un expediente judicial que los lleve tras las rejas, puede durar años, y muchas veces ni eso. Se archivan y punto. 
¿Pero qué pasa con los activistas y luchadores sociales que de verdad están preocupados por el bienestar social y que muchos de ellos han dejado a tras sus actividades cotidianas porque una tragedia personal los lanzó a las calles para enfrentarse contra un monstruo insensible e insaciable como lo es el gobierno?  

 
Para noviembre de 2014 había 669 activistas puestos tras las rejas de manera arbitraria. La PGR y procuradurías estatales, manejan la justicia a la carta. La inteligencia policial que deberían de practicar para acotar el crecimiento criminal, la utilizan para la fabricación de delitos en contra de quien se vuelve incómodo para quienes ostentan el poder desde el servicio público.  

 
Del 2008 a noviembre de 2014, se ejecutaron de manera extrajudicial 90 activistas y defensores de los derechos humanos, más lo que se han acumulado hasta hoy en día.  

 
“Los defensores de derechos humanos están sufriendo amenazas, hostigamientos por la labor que están haciendo en México en su lucha en contra de megaproyectos y de las reformas estructurales. El Estado está generando un clima de criminalización para golpear, amenazar, para la ejecución extraoficial y desaparición forzada”

Francisco Cerezo, miembro del Comité Cerezo México.
Él “Yorch” Jorge Emilio Esquivel Muñoz, fue detenido el miércoles, según por “denuncia anónima” de que vendía droga, y ya está formalmente preso y en el penal federal de Hermosillo, en Sonora. ¡¿Qué tal?! Expedita la “justicia” mexicana. 
Él Yorch hacia figuritas de alambre y cuero, vestía “Punk”, pertenecía a un grupo anarquista, que mantiene tomado el auditorio Che Guevara de la facultad de filosofía y letras de la UNAM. 
¿Y Nestora Salgado? ¿Y Mireles? Figuras emblemáticas de los autodefensas, que estaban logrando pacificar sus regiones, ya que el estado no lograba garantizar esa obligación, y aún así, los han detenido injustamente, arbitrariamente y con averiguaciones inconsistentes. 
Esto es México. 

  

La oficialización de la barbarie en México


La violencia, la muerte, el terror y la brutalidad que padecemos en México actualmente, la oficializó Felipe Calderón. Cuando desde Los Pinos, el “presidente de las manos limpias” gozando de toda la seguridad del Estado mexicano para él y su mustia familia, (seguridad que le negó a la sociedad), declaró “la guerra contra el narco”. 
Esa absurda declaración, empoderó al crimen organizado en todos sus rubros. 
Así pues, ya creado el “enemigo” todo lo que hacía el desquiciado panista que usurpaba la presidencia, lo justificaba de manera magistral. 
Los misteriosos comandos paramilitares exterminaron a los narcotraficantes tradicionales. Repartieron “las plazas” a dos bandos antagónicos, bandos creados por ellos mismos, para que la violencia fuera permanente, y el terror aumentará sistemáticamente de tal manera que paralizará a la sociedad del miedo. 
Esta perfectamente bien planeada y perversa jugada, no sólo derribaba un par de pinos, hacia chuza: 

Instauraba el terror, un estado de sitio, un estado policial, que so pretexto de la “lucha anti crimen” desarmaba a la sociedad de sus derechos humanos, derechos y garantías constitucionales; paralizaba regiones enteras, las despoblaba, provocaba éxodos masivos de mexicanos aterrados que dejaron atrás su esfuerzo y el de sus generaciones. “Casualmente” las zonas más ricas en hidrocarburos, han sido el epicentro de esta violencia que no da tregua. 
Quien pudiera decir la verdad, la prensa, esta amordazada. En muchos casos la mordaza se volvió mortaja. Se acabó la osadía en el medio, están en total indefensión.
La fortaleza del crimen organizado, radica directamente en la sólida estructura política. Política que obedece órdenes del exterior desde donde se avala nuestra falsa democracia. 
Estamos hablando de un par de sexenios y una mitad del presente. Pero el cambio de colores como resultado de las contiendas electorales, ya no significa ninguna permuta en favor de la sociedad y el país, sino que siempre termina favoreciendo a ese pequeño porcentaje en el que se concentra la riqueza mundial. 
Pero lo más lamentable, es que esta historia, se sigue repitiendo. 
La pregunta es: ¿hasta cuándo?