La oficialización de la barbarie en México


La violencia, la muerte, el terror y la brutalidad que padecemos en México actualmente, la oficializó Felipe Calderón. Cuando desde Los Pinos, el “presidente de las manos limpias” gozando de toda la seguridad del Estado mexicano para él y su mustia familia, (seguridad que le negó a la sociedad), declaró “la guerra contra el narco”. 
Esa absurda declaración, empoderó al crimen organizado en todos sus rubros. 
Así pues, ya creado el “enemigo” todo lo que hacía el desquiciado panista que usurpaba la presidencia, lo justificaba de manera magistral. 
Los misteriosos comandos paramilitares exterminaron a los narcotraficantes tradicionales. Repartieron “las plazas” a dos bandos antagónicos, bandos creados por ellos mismos, para que la violencia fuera permanente, y el terror aumentará sistemáticamente de tal manera que paralizará a la sociedad del miedo. 
Esta perfectamente bien planeada y perversa jugada, no sólo derribaba un par de pinos, hacia chuza: 

Instauraba el terror, un estado de sitio, un estado policial, que so pretexto de la “lucha anti crimen” desarmaba a la sociedad de sus derechos humanos, derechos y garantías constitucionales; paralizaba regiones enteras, las despoblaba, provocaba éxodos masivos de mexicanos aterrados que dejaron atrás su esfuerzo y el de sus generaciones. “Casualmente” las zonas más ricas en hidrocarburos, han sido el epicentro de esta violencia que no da tregua. 
Quien pudiera decir la verdad, la prensa, esta amordazada. En muchos casos la mordaza se volvió mortaja. Se acabó la osadía en el medio, están en total indefensión.
La fortaleza del crimen organizado, radica directamente en la sólida estructura política. Política que obedece órdenes del exterior desde donde se avala nuestra falsa democracia. 
Estamos hablando de un par de sexenios y una mitad del presente. Pero el cambio de colores como resultado de las contiendas electorales, ya no significa ninguna permuta en favor de la sociedad y el país, sino que siempre termina favoreciendo a ese pequeño porcentaje en el que se concentra la riqueza mundial. 
Pero lo más lamentable, es que esta historia, se sigue repitiendo. 
La pregunta es: ¿hasta cuándo? 

  

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