¿Qué estás decretando? 


Reflexión… 
Es casi increíble ver cómo los decretos, cosas que decimos muchas veces sin pensar y que creemos sin importancia actúan con tanta precisión. 
Como ejemplos hay muchos, pero hay personas tan negativas que dicen: 

“ahora que vaya, va estar cerrado”   

“Yo nunca alcanzó lugar” 

“Siempre me toca al último” 

“Nunca me saco nada” 

“Siempre me dan lo mismo” 

“Siempre salgo perdiendo” 

“A mí no me hacen caso” 

“Todo mundo me chinga”

“No tengo suerte en el amor”… Y así, se van anticipando al peor de los resultados, inconscientemente hacen todo para que sucedan sus predicciones. 
De verdad, que hasta risa da la mala suerte de los que la pregonan. Es pasmosa la certeza de los “mala suerte”, pero ellos creen que eso va a suceder, y… ¡sucede! 
Para amainar su mala estrella, se dicen realistas, eso los hace sentirse un perdedor chingón, un infalible estadista de la desgracia. 
La realidad es ver las cosas con objetividad dándole su justa dimensión; la realidad es el acontecimiento, es la acción materializada; la realidad es el presente, no es la percepción, no es el vaso medio vacío o medio lleno, es la cantidad del agua lo objetivo.  

 
La negatividad es una confianza inversa, que lejos de la objetividad cree que todo va a salir mal. Es fruncirse ante un golpe imaginario, es un estrés constante e innecesario.
El positivismo es una confianza con dirección, es hacer de la objetividad su mejor aliado. Es creer que si hacemos lo necesario todo puede salir bien. Es acción, es el resultado de hacer que las cosas sucedan en nuestro favor. 
Y también hay una actitud neutra, a lo que yo le llamo: pendejísmo. Es creer que las cosas van a estar bien, nomas porque si, y que si salen mal, pues ni modo, “es lo que tenía que pasar”. A estas personas les da flojera hasta pensar, y permiten que agentes externos les diseñen su vida, solo se dejan llevar, no hacen el menor esfuerzo “¿para qué? Así son las cosas”. 
El que se siente orgulloso de no creer en nada, no cree ni en el mismo. 
A la confianza que precede a la acción, al verbo, yo le llamo: Fe. 
Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos, porque es el reflejo de lo que pensamos. Jesús, el filósofo, sabía perfectamente a lo que se refería cuando dijo: “No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.”
Y créanme, los decretos negativos son como las larvas de las moscas, engusanan, causan miasis en la vida y el alma de las personas. 
Y a los que no hacen nada, que miran sin comprometerse, que no saben lo que significa: compromiso ni solidaridad, pero que también estiran la mano, también hay que guardarles distancia. 
No hay que esperar mucho de nadie, a quien hay que aprender a exigirle es a nosotros mismos; nadie hará por ti más que lo que puedas hacer tú mismo. 
Cuidado. 

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