Los hijos y la libertad.


Reflexión… 
Lo más valioso en la vida, es la libertad. Por eso, cuando los hijos empiezan a tomar decisiones de adultos, se supone que ya están listos para valerse por sí mismos, y hay que dejarlos volar, hay que respetar sus expectativas, y no obligarlos a cumplir las nuestras. 
Después te quedas ahí, para cuando ellos necesiten un consejo, o quizás ni eso, tal vez una opinión tuya, o parte de tu tiempo para que los escuches. 
A los hijos, no hay que cargarlos con nuestros complejos, con nuestras fobias y frustraciones, porque luego andan por el mundo con sentimientos inexplicables, que los aturden y no los dejan vivir en paz. 
Ya la vida se encargará de darles sus propias lecciones, para que las experiencias sean de ellos, y así adquieran las enseñanzas necesarias para seguir el camino que eligieron. 
Los hijos no nos pertenecen, cuando menos a mi, no me deben nada, ellos son libres, no hay ninguna condición, no llevan culpas ajenas, no las mías. 
En lo personal, la mayor satisfacción que pueden darme mis hijos, es que sean ellos mismos, genuinos, que no permitan la manipulación, que nada los condicione, que lleguen hasta donde tengan que llegar, que alcancen lo que deseen, pero sobre todo que paguen el precio justo, ni más, pero tampoco menos. 
Yo no he visto a un par de pájaros viejos, hacer ningún esfuerzo por alimentar a un pájaro grande, joven y fuerte. 
Yo me puedo equivocar, pero la naturaleza, no. Ella está dotada de una sabiduría infinita. 
Muchas veces, lo único que tenemos que hacer, es aprender a observar, ese puede ser uno de los grandes secretos de la vida.

Ausencias… 


Es más la costumbre, el saber que tarde o temprano, porque así tiene que ser, es que volverás a ver a aquella persona a la cual, no se ha valorado sinceramente su presencia. 

Las personas por más amor que nos tengan, siempre buscan una retribución afectiva o sentimental; es algo natural, tener la necesidad de sentirse bienvenido, incluído, respetado, valorado… Es importante dar, sin esperar nada a cambio, pero en aspectos emocionales o sentimentales, dar, dar, y dar, sin recibir nada, afecta seriamente nuestra autoestima, se pierde el amor propio, y por consecuencia la dignidad. 
Pareciera que los desprecios y la indiferencia, no deberían ser tomados en cuenta… pero, no se puede ignorar algo, que hasta el subconsciente percibe, y que luego empieza a manifestarse en auto-boicots. 
Supongamos que tu vives en el lugar 7, y regularmente siempre visitas en la mínima oportunidad, el lugar 1; y resulta que quien vive en el lugar 1, puede hacer varias vistas al lugar 5 al 4, también al 3 y al 2, incluso al 10, pero nunca visita el lugar 7. 
Las matemáticas son frías, pero son objetivas, exactas y los números no mienten. 
Ante un resultado así, no hay excusas. Se puede ir hasta el lugar 7, pero se prefieren otros lugares, así de fácil. 
Por otro lado, suponer que las personas siempre van a permitir un trato diferente, sólo por pensar diferente, es un grave error de apreciación. Eso tiene nombre y apellido, se llama: Falta de respeto, y se incurre en una: discriminación. 

Esto es muy común en las “familias” donde existe una tiranía, y empieza a manifestarse por pequeñas fisuras, que se vuelven grietas, y después terminan siendo unos abismos, que separan para siempre. 
Hay que tener mucho cuidado con las distancias afectivas que manejamos, no hay que suponer nada, cuando menos se piensa, ya no hay retorno. 
Es muy triste dejar de ver a alguien porque murió, pero esa es una causa inevitable, no está en nuestras manos. Pero debe de ser más doloroso, provocar una ausencia total de las personas que decíamos “amar” y que terminamos matandolas en vida.
Hasta un perro maltratado, se aleja de quien le provoca daño. Mala la comparación, pero muy poca la diferencia. 
Si no fuimos capaces de amar verdaderamente a las personas, más allá de nuestras creencias, de nuestras diferentes formas de pensar, cuando estuvieron cerca… lejos, mucho menos. Por eso si alguien se aleja totalmente de nuestras vidas, es momento de reflexionar, para evitar repetir el daño en otras personas; debemos de aprender de la experiencia, y valorar en tiempo y forma a esas personas que dijimos amar, antes de que sea demasiado tarde. 
El remordimiento, es un brebaje, que hay que beberlo sólo, para no dañar a nadie más. 
Cuando las cosas son así, piensa que lo mejor que puedes hacer por los ausentes, es desearles suerte, y dejarlos vivir en paz. Porque si alguien no regresa, es porque seguramente esta mejor, que de donde partió. 
De verdad, esto es para reflexionar. 

Qué tengan un buen domingo, y si es en familia, mejor.

Los niños de ayer, y los columpios de hoy. 


Me gusta la infancia, 

me gustan los niños, 

me gusta esa parte que todavía no aprende a fingir, 

que siente, 

que dice, 

que pregunta, 

que sonríe, 

que perdona, 

que juega, 

y que es experto en soñar con los ojos abiertos, 

capaz de reproducir ilusiones más precisas… despierto, que el subconsciente cuando duerme. 
El mejor espejo para mirarnos, es sin duda la niñez. 
¿Qué tanto nos ha deformado la vida, que no podemos reflejarnos ya en la imagen del niño que fuimos? 
Yo me siento orgulloso del niño que fui, porque fue un niño que me enseño cosas que ahora de adulto pongo en práctica a diario. 

Ese niño, fue un niño valiente, que a pesar de burlas, 

de escarnio, 

de violencia 

y de abusos, 

se mantuvo firme, y no replicó patrones, decidió seguir jugando, y en su oportunidad aún siendo niño, cuido, respeto y amo a los que eran más pequeños.
No sé en qué momento deje de ser niño, pero lo que sí sé, es que ese niño que fui, me entregó todas las facultades para ser hoy un hombre, que no se avergüenza de su pasado. 
Muchas veces, ahora lo sé, que el pie que te meten en la infancia, te hace caer cuando ya eres adulto… 

Esto quiere decir que el niño aquel que fuiste, se sostuvo, y mantuvo el equilibrio, que después de hombre, uno pierde, por complejos, prejuicios y por temor.
Hay veces me pregunto:

¿Por qué para mi es más fácil convivir con los niños y con los ancianos? 

Creo que es porque en la plenitud de nuestras vidas, olvidamos ser nosotros mismos, por lo que los demás, quieren que seamos. 

Nos dejamos llevar y nos ponemos máscaras, 

armaduras, 

escudos, 

y nos protegemos tanto, 

que olvidamos ser quienes éramos. 
¿Qué tan niños somos ahora? 
Jesús, aquel milenario filósofo lleno de amor, nos enseñó a ser como niños, porque solamente en esa condición, sería posible una verdadera evolución. 
El crecimiento del ser humano, tiene que ser así, más allá de las pasiones, más allá de las ambiciones, más allá de los odios, complejos y rencores. 
Mi pregunta para hoy sería:

¿Te sientes orgulloso o te avergüenza ser ahora el niño que fuiste ayer? 

La respuesta tiene que ser muy interesante, para saber, ¿Qué tan lejos estamos de ser el niño aquel que fuimos? 

Hoy, es un buen día para reflexionar al respecto. 
¿Nos vemos en los columpios?   

Los hombres del campo


Si algo me asombra en la vida, es la sabiduría y la sencillez del hombre de campo, el agricultor, el ganadero… Sin mayor pretensión que la de ser productivo, aprenden de las silenciosas pero impecables lecciones que les da la madre naturaleza. 
Con solo tocar la tierra los agricultores saben lo que necesita y que es lo que puede dar. Al levantar la mirada, el cielo les dice con asombrosa precisión, si viene agua, aire, y hasta la temperatura. 

Lo que se aprende en el campo, lo que sabe el agricultor, no se adquiere ni en la más prestigiosa universidad agrónoma. He conocido ingenieros que tienen como asesores a agricultores que en muchas ocasiones no terminaron la primaria siquiera. 
El ganadero también adquiere conocimientos que hasta podrían parecer chamianicos. Algunos con tan solo ver la res, te dicen con pasmosa exactitud el peso del animal, fallara la báscula, ellos no. Los animales reconocen a quien sabe, hay una energía, una especie de telepatía entre ellos. La ventean, dicen. 
Quién es alumno de la naturaleza y se gradúa en el campo y con los animales, tiene más que una maestría, sus conocimientos superan cualquier teoría escrita. 

  

Las más profundas metáforas que Jesús utilizo para dejarnos su poderoso mensaje de amor, estaban basadas en el campo; el maestro sabia, que quien aprendía así, seguramente alcanzaría la sabiduría y el despertar de su conciencia. 
Si desarrolláramos esa capacidad observadora de esos sencillos hombres de campo, les aseguro viviéramos en un mundo mejor, más justo. 
Es muy difícil encontrar en el ruidoso y superficial mundo cosmopolita, una mirada tan profunda y sincera como la que tiene un hombre de campo. 
Me he puesto a observar y fije la mirada en los sencillos, humildes y sabios hombres de campo. 
¡Tanto que aprender! 

¿Viviendo con culpas ajenas? 


Reflexión… 
Los testigos de Jehová, clarifican muy bien con su ejemplo lo que quiero decirles: Llegan a tu casa, no les importa lo que estés haciendo, les vale madre, pues ellos se sienten representantes de Dios, y no hay nada más importante, nada. Luego te atacan con preguntas que ellos esperan les contestes exactamente como lo dice la Biblia, y si no lo haces, señalan el versículo, y te lo leen. Si te disculpas amablemente para que te dejen en paz, insisten, no te sueltan; pero si te pones firme, y antes de mandarlos a la chingada definitivamente, les dices adiós, se te van a la yugular con la pregunta ¿le estás cerrando las puertas de tu casa a Dios? Y lo que hacen presintiendo que estás por dar el portazo, es clavarte el aguijón de la culpa, que después de haberse ido, extenderá su veneno: la duda, y te harás la pregunta: ¿soy un hijo de la chingada?, ¿hice bien? ¿A caso no tengo conciencia? 
No solo los testigos de Jehová, todas las religiones, las familias y la mayoría de las personas desde distintos ámbitos, si no te pueden convencer, te hacen sentir culpable, te hacen daño. 
¿Por qué te expulsan de de un clan familiar o de una religión? Te expulsan porque no soportan que pienses diferente; porque les resulta insoportable que no te dejes engañar; porque no pueden siquiera imaginar que tú puedas tener la razón.  
Pocas familias, viven en verdad esa bondad y esa armonía que aparentan. 
Si hay un pederasta en la familia, y tú lo señalas, estas atentando contra toda la familia, tú eres el culero. 
Tus tíos pudieron ser unos tiranos contigo, “así son, pero muy en el fondo te querían” eso está bien. Pero si tú eres indiferente con tus sobrinos, tú eres el culero. 
Tus hermanos te pueden ignorar y mandarte a la chingada un sinnúmero de veces, eso está bien. Pero con una vez que tú lo hagas, tú eres el culero. 
A ti te pudieron echar de tu casa con un patadón pintado en las nalgas, eso está bien. Pero si tú le llamas la atención fuerte a uno de tus hijos, tú eres el culero. 
Todo el mal que ellos te puedan hacer, tiene justificaciones que hasta parecen que vienen con salvoconducto divino. Todo lo justo que tú hagas, es una aberración. O sea, tú eres el culero. 
Si le mientas la madre a un cura pederasta, eres un sacrílego y te estás condenando en el fuego eterno del infierno. Si el cura abusa de un niño, es un ser humano que merece el perdón. Volvemos… el culero eres tú. 
¿Sabes de cuantas cosas eres culpable desde tu subconsciente porque así te lo han hecho creer sin que tú te des cuenta? Hay muchos botes de basura repletos, caminando por la calle con ¡un chingo de porquería de otras personas! 
Por eso yo no trato de convencer a nadie de nada, ni me aferro a que piensen exactamente como yo, o como lo dicte algún grupo, ni nada de eso. Yo apelo a mi libertad de expresarme, trato de provocar la reflexión, el pensamiento; busco despertar conciencias, que a su vez reflexionen, no que busquen un guía o un pastor. ¡No son borregos caray!
Por eso, a medida que evolucionas, te vas quedando con menos personas. 
Nacemos solos, hay sus excepciones, pero la regla es un parto individual. Pero lo que si va a suceder irremediablemente, es que a este mundo sí lo vas a dejar solo… te vas a ir tú solo. 
Con quien tienes que estar en verdadera armonía es contigo mismo, con quien tienes que estar en paz es contigo, nada más. 
¿Será necesario llegar hasta esa encrucijada final, para darte cuenta que la mayoría de culpas y complejos te los impusieron, y que así caminaste gran parte de tu vida? 
Hoy es tiempo. 

 

¿Qué estás decretando? 


Reflexión… 
Es casi increíble ver cómo los decretos, cosas que decimos muchas veces sin pensar y que creemos sin importancia actúan con tanta precisión. 
Como ejemplos hay muchos, pero hay personas tan negativas que dicen: 

“ahora que vaya, va estar cerrado”   

“Yo nunca alcanzó lugar” 

“Siempre me toca al último” 

“Nunca me saco nada” 

“Siempre me dan lo mismo” 

“Siempre salgo perdiendo” 

“A mí no me hacen caso” 

“Todo mundo me chinga”

“No tengo suerte en el amor”… Y así, se van anticipando al peor de los resultados, inconscientemente hacen todo para que sucedan sus predicciones. 
De verdad, que hasta risa da la mala suerte de los que la pregonan. Es pasmosa la certeza de los “mala suerte”, pero ellos creen que eso va a suceder, y… ¡sucede! 
Para amainar su mala estrella, se dicen realistas, eso los hace sentirse un perdedor chingón, un infalible estadista de la desgracia. 
La realidad es ver las cosas con objetividad dándole su justa dimensión; la realidad es el acontecimiento, es la acción materializada; la realidad es el presente, no es la percepción, no es el vaso medio vacío o medio lleno, es la cantidad del agua lo objetivo.  

 
La negatividad es una confianza inversa, que lejos de la objetividad cree que todo va a salir mal. Es fruncirse ante un golpe imaginario, es un estrés constante e innecesario.
El positivismo es una confianza con dirección, es hacer de la objetividad su mejor aliado. Es creer que si hacemos lo necesario todo puede salir bien. Es acción, es el resultado de hacer que las cosas sucedan en nuestro favor. 
Y también hay una actitud neutra, a lo que yo le llamo: pendejísmo. Es creer que las cosas van a estar bien, nomas porque si, y que si salen mal, pues ni modo, “es lo que tenía que pasar”. A estas personas les da flojera hasta pensar, y permiten que agentes externos les diseñen su vida, solo se dejan llevar, no hacen el menor esfuerzo “¿para qué? Así son las cosas”. 
El que se siente orgulloso de no creer en nada, no cree ni en el mismo. 
A la confianza que precede a la acción, al verbo, yo le llamo: Fe. 
Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos, porque es el reflejo de lo que pensamos. Jesús, el filósofo, sabía perfectamente a lo que se refería cuando dijo: “No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.”
Y créanme, los decretos negativos son como las larvas de las moscas, engusanan, causan miasis en la vida y el alma de las personas. 
Y a los que no hacen nada, que miran sin comprometerse, que no saben lo que significa: compromiso ni solidaridad, pero que también estiran la mano, también hay que guardarles distancia. 
No hay que esperar mucho de nadie, a quien hay que aprender a exigirle es a nosotros mismos; nadie hará por ti más que lo que puedas hacer tú mismo. 
Cuidado. 

La montaña rusa de mi infancia. 


Cuando era niño, frente a mi casa, había un gran terreno, era una manzana completa. 
Nunca fue un simple baldío, porque estaba asfaltado. Era el espacio indicado para espectáculos viajeros, y así lo fue. Me tocó ver desde circos pobres y circos ricos, pero finalmente, la diferencia entre unos y otros no era significativa. La vida del personal de los circos, es muy diferente a la de sus espectáculos; tras el telón, hay siempre una mezcla de melancolía y miseria. Si, miseria humana. 
También me tocó que se instalarán parques móviles de juegos mecánicos, duraban hasta un mes. La población flotante que vivía en los “juegos” se volvían mis vecinos. Eran personas de toda la república, algunos hasta extranjeros. Me aprendí el acento de las diferentes regiones del país con tan solo escucharlos. Sabía con tan solo escucharlos, cuál era su ciudad de origen. 
Los juegos mecánicos, me dejaron una gran enseñanza. Entre las improvisadas cercas que ponían al rededor para restringir la entrada de personas sin boleto, siempre me las ingeniaba para colarme, me volví un experto invasor de los juegos. Nunca me gustó subirme, aunque mis vecinos de ocasión me invitaran. Muchas veces nada más me metía a comerme un Hot cake con cajeta y mucha mantequilla, eran deliciosos; los recuerdo y se me hace agua la boca. 
La montaña rusa era la que más me llamaba la atención. Desde que llegaban y se estaban instalando, buscaba los carritos de la montaña rusa antes de que los montarán en los rieles, y escogía un carrito para ponerle una pequeña calcomanía de vasconia, que le quitaba a las ollas que vendía mi padre para los restaurantes; recuerdo eran anaranjadas con azul en forma ovalada.
Siempre buscaba el carrito al que le pegaba la calcomanía. Algunos carritos que llegue a escoger, no los subían a los rieles enseguida, otros empezaban desde el primer día. No recuerdo cuantas vueltas daban al día, eran muchas muchas… pero yo siempre buscaba mi carrito, al que le señalaba, y lo veía ir y venir, con unas y otras personas a bordo de él; pero mi calcomanía seguía ahí, donde yo la había puesto, y eso me daba emoción. En un par de ocaciones, no sé si usuarios o los encargados, llegaron a quitar mi calcomanía, y me daba mucha tristeza no volverla a ver ahí, donde yo la había puesto.  

 
Pasaron algunos años, deje la niñez y ahora mis aventuras habían trascendido. Tenía 19 años ya, y tenía quizás 5 años de no pegar calcomanías, me había ido de casa, después mis padres se mudaron de ahí, y un día pase y vi que estaba un parque de diversiones, reconocí a alguien de la taquilla, ellos no me reconocieron a mi, de niño a joven se cambia mucho, y le dije que solo iría a comprar un Hot cake, me dieron el pase sin pagar boleto, era media semana, había poca gente. Cerca de la montaña rusa, estaba el puesto de los Hot cakes, pedí el primero, bañado en cajeta y con mucha mantequilla. Lo estaba disfrutando, cuando mi mirada se quedo fija en una calcomanía de vasconia en un carrito amarillo, ¡esa calcomanía la había pegado yo posiblemente siete años atrás! Recordé el gusto que me daba ver los carritos que señalaba, me vinieron varios recuerdos de golpe, que no pude controlar, y me salieron lágrimas… como si dejando salir el líquido salino por mis ojos me cupieran más recuerdos y emociones. 
Basta decir que fueron tantos recuerdos y emociones, que solo comí un Hot cake, no pude controlar las lágrimas y me retiré al lugar más obscuro hasta donde pudiera ver aquella calcomanía que puse ahí cuando era niño, y aún estaba ahí. 
Así los grandes amigos, van, vienen, algunos van muy lejos, y los dejas de ver mucho tiempo, y cuando menos piensas, ahí están, y todavía te llevan en su corazón, ahí donde hace muchos años dejaste una marca, que dudabas que estuviera así, tal cual la dejaste y que ni siquiera imaginaste volver a ver. 
¡Gracias!