Los hijos y la libertad.


Reflexión… 
Lo más valioso en la vida, es la libertad. Por eso, cuando los hijos empiezan a tomar decisiones de adultos, se supone que ya están listos para valerse por sí mismos, y hay que dejarlos volar, hay que respetar sus expectativas, y no obligarlos a cumplir las nuestras. 
Después te quedas ahí, para cuando ellos necesiten un consejo, o quizás ni eso, tal vez una opinión tuya, o parte de tu tiempo para que los escuches. 
A los hijos, no hay que cargarlos con nuestros complejos, con nuestras fobias y frustraciones, porque luego andan por el mundo con sentimientos inexplicables, que los aturden y no los dejan vivir en paz. 
Ya la vida se encargará de darles sus propias lecciones, para que las experiencias sean de ellos, y así adquieran las enseñanzas necesarias para seguir el camino que eligieron. 
Los hijos no nos pertenecen, cuando menos a mi, no me deben nada, ellos son libres, no hay ninguna condición, no llevan culpas ajenas, no las mías. 
En lo personal, la mayor satisfacción que pueden darme mis hijos, es que sean ellos mismos, genuinos, que no permitan la manipulación, que nada los condicione, que lleguen hasta donde tengan que llegar, que alcancen lo que deseen, pero sobre todo que paguen el precio justo, ni más, pero tampoco menos. 
Yo no he visto a un par de pájaros viejos, hacer ningún esfuerzo por alimentar a un pájaro grande, joven y fuerte. 
Yo me puedo equivocar, pero la naturaleza, no. Ella está dotada de una sabiduría infinita. 
Muchas veces, lo único que tenemos que hacer, es aprender a observar, ese puede ser uno de los grandes secretos de la vida.

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Vacío de la abundancia.


¿SUFREN TUS HIJOS EL “ VACÍO DE LA ABUNDANCIA”?

Por: Psic. Julia Borbolla Hano

“Mamá, papá, cómprame algo” Es una de las frases más comunes de los niños de hoy. Esos mismos que tienen en casa un arsenal de juguetes olvidados, incompletos o simplemente pasados de moda y que siguen pidiendo que se les compre todo lo que ven y rápido.

Para esos pequeños tiranos la ilusión del juguete dura menos que lo que tardaron en abrirlo y ese es el claro síndrome del “vacío de la abundancia”. El síndrome moderno que esta atacando a chicos y grandes y consiste en darle poco valor a lo que se tiene y mucho a lo que aún no se ha adquirido. El placer verdadero, en este caso, radica en el hecho de comprar, de adquirir, de acumular, más que en el beneficio de lo que se compra.

Si bien es cierto que la imaginación de un niño puede convertir cualquier piedra, bote o liga en el mejor juguete; esa misma imaginación puede potenciarse con los juguetes actuales que además estimularán su desarrollo y lo divierten; sin embargo, cuando caemos en excesos, y lo enfrentamos a una multitud de posibilidades, lejos de ayudarlo lo confundimos.

Cuando un niño, niña o adolescente tiene que invertir mucho tiempo y energía en elegir, experimenta una gran incertidumbre que lo pone ansioso. “Quiero el rojo…no no…el azul…no el verde…mejor el amarillo” y al final son muchos más los que deja que el que se lleva, haciendo que éste ultimo pierda valor. El pensamiento inmediato es: “Hubiera escogido el otro” y de esta manera se eslabona una cadena sin fin de posibilidades perdidas, supuestos fracasos al elegir y sensación de carencia que a su vez lo impulsa a querer mas y mas.

Lo anterior, como ya hemos visto, es fruto del intenso consumismo en el que vivimos. Hoy en día se dedica más tiempo en compras que nunca en la historia de la humanidad. En vez de ir al parque, o a visitar un familiar, el paseo dominical es ir a un centro comercial y esto afecta a los niños y jóvenes, que están formando su personalidad, y al estilo de convivencia familiar.

Los padres premiamos, compensamos tiempo y culpas o demostramos amor comprándoles a nuestros hijos todo lo que nos piden, aunque ello signifique endeudarnos a mil meses sin intereses. Luego nos damos cuenta de que esto no funciona para que nos quieran más, nos quejamos y les reprochamos que nos vean como simples proveedores. Por otro lado, los abuelos, tíos y amigos contribuyen a esa abundancia. ¿Cuántas cosas recibieron tus hijos en la navidad pasada? ¿Dónde y cómo están hoy esas pertenencias?

Cuando nos damos cuenta de esto y queremos corregirlo ya los hemos acostumbrado y entonces la austeridad o sencillez que queremos implantar en casa es interpretada como tacañería y descenso en el estatus social.
Al final del camino encontramos hijos aburridos, insatisfechos, sobre demandantes y padres frustrados que han criado hijos “ingratos”. Ambos sintiéndose vacíos en medio de la abundancia. Este problema no se trata solo de comprar o de ahorrar; sino del significado que se le ha dado al hecho de tener para ser y pertenecer. Si un niño se cree valioso o querido por lo que le compran, será difícil cambiarle esta visión más adelante; pero ni imposible.

Hay 7 competencias que los padres debemos ejercitar si queremos retomar lo valioso del pasado y sacar buen fruto de las ventajas de presente.

1.- TRABAJA CONTIGO MISMO:
Lo primero y más importante es hacer conciencia de que esto nos ocurre y vencer la tentación de comprar por comprar, comprar como premio, como expiación, como método de control “si te portas bien, te compro” o lo que es peor: como lenguaje de amor. Esto no es fácil porque implica sustituir estas estrategias “afectivo-mercantiles” por tiempo y calidad de convivencia y premios emocionales, como sería sentarse un ratito a jugar, decirle un halago oportuno o simplemente estar más atentos a lo que nuestros hijos hacen bien que a sus errores.

Analiza tus recuerdos más entrañables de la infancia y seguramente no se refieren a posesiones sino a experiencias emocionales. A juegos muy simples, a bromas o travesuras que ocurrieron una vez pero de las que te has reído veinte veces en familia.

Analiza qué herencia conservas de tu padres, de tus abuelos, de tus maestros y verás que más que bienes son afectos, emociones, mensajes.

Y por último analiza que tanto estas compensando tus carencias a través de lo que das o lo que permites a tus hijos. Si es así déjame decirte que nunca terminarás porque nadie puede volver al pasado en el presente de otro. Tal vez muchas de tus carencias resultaron motores de progreso, tal vez muchos de tus huecos de amor infantil se convirtieron en espacios para alojar muchos amores de adulto.

Este análisis personal te dará fuerza para seguir adelante en la siguiente competencia.

2.-RESISTE LA FUERTE CAÍDA DE TU POPULARIDAD:
No esperes que tus hijos comprendan hoy el porqué de negarles algunas cosas. Mucho menos los adolescentes. Ellos pensarán que eres el peor papá o mamá del mundo, pues el resto de sus compañeros llevan los tenis de marca y el último modelo de celular.

No esperes que acepten con agrado las normas de disciplina y las limitaciones que tanto los frustran. Pelearán por regresar a lo cómodo, lo inmediato; pero en la medida en que no lo obtengan se irán haciendo más fuertes sin siquiera darse cuenta.

Si resistes este duro embate a tu “raiting” tal vez recibirás más tarde el reconocimiento o simplemente tu satisfacción personal y los frutos de tener hijos adultos que puedan disfrutar de tener cosas y ser competitivos sin cifrar su valía en una cuenta bancaria ni sacrificar su paz interior por mantener un status social.

Si, irás contra corriente, como los salmones en el río; pero también como ellos asegurarás una buena descendencia.

3- AYUDA A TUS HIJOS A IDENTIFICAR QUE ES LO QUE VERDADERAMENTE QUIEREN:
¿Sabías que para una niña o un niño pequeño es lo mismo lo qué quiere que lo que espera? En su proceso mental quiere una pelota porque espera jugar con papá o quiere una bolsa porque espera acompañar a mamá al mercado. Por eso es fundamental ayudar a nuestros hijos a conocerse y escuchar sus verdaderas necesidades y expectativas internas y saber si aquello que quieren viene acompañado o no de lo que esperan.
Un adolescente quiere el mejor celular porque espera obtener aceptación de sus pares y quiere ropa porque espera obtener seguridad con ella.

Dales primero una “probadita” de eso que quieren, para que analicen si les dio lo que esperaban y después aclárales que una vez tomada la elección no habrá vuelta atrás, por lo que deben tener claro si en verdad lo necesitan o lo quieren y para qué.

No eres mejor padre si das más, o si das siempre. Serás mejor padre si tus hijos aprenden bien a elegir y a necesitar menos cosas.

4.-DA CON GRADUACION:
En nuestra cultura, el dar en abundancia a los hijos no está relacionado con la capacidad económica sino con un mandato generacional que nos dice “Primero te quedas sin nada que negarle algo a tus hijos”. Por eso vemos a la niña en el festival de la primavera con un espectacular atuendo de mariposa para el cual se tuvo que ocupar el dinero del gas, la luz y la renta. Por eso vemos a un padre en una profunda depresión por no tener para la fiesta de quince años, como si toda una vida de trabajo amor y dedicación se fuera por la coladora si dejas de proveer.

Si a los 8 años ya les damos una laptop ¿Qué querrá a los 12? Muchas veces los papás damos lo que nosotros mismos hubiéramos querido tener y nos aceleramos sintiendo que así somos mejores padres.

5.-LIMITA LAS OPCIONES:
“Puedes elegir entre este dulce y la paleta, los chicles no entran en las opciones”.
Los niños deben aprender a elegir y vivir la experiencia de renunciar; pero este ejercicio debe comenzarse de poco a poco. Empieza por dos opciones, tal vez tres más adelante; pero no abras el abanico más allá de su verdadera capacidad. Aunque te encuentres en posibilidades de comprarles la dulcería entera, hazlo por ellos, no por ti.

6.-PROMUEVE QUE CONJUGUEN EL “HABRÁ” EN VEZ DEL “HUBIERA”
“Si hubiera escogido el otro no se hubiera roto tan rápido”…Ya habrá oportunidad de elegir nuevamente y entonces habrá que fijarse mejor.

Si la elección que hizo el niño no lo dejó satisfecho, permítele vivir la experiencia para que en futuras ocasiones lo piense mejor o lo evalúe de otra forma. Se que esto implica disgustos y tal vez un fuerte berrinche; pero no hay mejor manera de aprender la tolerancia a la frustración que a través de las frustraciones.

7.-CREA PARA TUS HIJOS UNA MEJOR PERCEPCION DE LO QUE ES EL BIENESTAR
¿Qué quiero para mis hijos?- ¿Qué necesitan realmente? -¿Cómo quiero que vivan? -¿Qué es opcional y que no lo es? Cada quien debe configurar su propia filosofía del buen vivir de manera consciente y explícita. Estas son las preguntas más importantes que debemos hacernos al educar. Si logramos poner en ellos por encima el SER sobre el TENER, nuestra labor estará cumplida y los habremos salvado del vacío de la abundancia.

Psic. Julia Borbolla

Las alas de los hijos…


Me voy a meter a un tema escabroso, y muy posiblemente, no salga bien librado, pero esto lo leí por ahí:

“La gente es muy intolerante. Si escribes por complacer a todos, terminarás por sentirte solo, lejos de ti”

Me inspiro.

El único padre que conozco perfecto es Dios. De aquí quiero partir. Yo creo que si meditáramos más viendo la naturaleza, aprenderíamos en silencio cosas que ni con un millón de palabras nos podrían explicar, la naturaleza posee una sabiduría infinita, el hombre no.

Cuando he escuchado esto: “Quiero darle a mis hijos, lo que yo no tuve” Siempre es de gente responsable y trabajadora, entonces me pregunto: ¿qué es eso que no tuvieron? Si hubiesen carecido de algo elemental, ni siquiera serían autosuficientes. Pues de esas personas estables, responsables y trabajadores, la mayoría de las veces, provienen hijos que de lo que carecen, es precisamente de esas virtudes de sus padres.

¿Han visto como los pájaros enseñan a volar a sus polluelos? Me pase tardes enteras en mi infancia, viendo como las golondrinas que vivían en el balcón de mi habitación, empujaban a sus críos a volar. No era tarea fácil para las aves. En la casa, había varios nidos, así que podía comparar la habilidad de los padres para enseñar a los hijos; había padres sorprendentemente activos, y el primer día de la lección, sobrevolaban vigorosamente al rededor del nido, pero no llevaban ya alimento, entonces los críos, desesperados por el hambre, se quejaban y piaban con más fuerza, y hacían esfuerzos, se estiraban sin salir del nido, para alcanzar a sus padres para que les dieran alimentó, algunos críos los más osados, se paraban en la orilla del nido y abrían sus entumecidas alas simulando que volarían, a esos, los padres, les daban pequeñas porciones de comida. Al siguiente día, era la misma tarea, y no faltaba el crió valiente que se aventuraba a salir del nido, y que en diminutos vuelos, que eran tan sólo brincos, ejercitaban sus alas y su confianza.

Los animales, son inexpresivos a simple vista, pero si los observas bien, te sorprendes de como demuestran sus sentimientos. Entonces yo veía que con un vuelo alegre y acrobático, como si estuvieran jugando, los padres entusiasmados, incitaban a sus críos a seguirlos; había excelentes alumnos, los regulares, los malos y los que morían. Así es de inexorable es la naturaleza y su precisa selección. Mucho del éxito de los críos, provenía del esfuerzo y la firmeza de los padres.

En otros nidos, padres quizás inexpertos, daban de comer a los críos más tiempo de lo debido, y los polluelos, de pronto engordaban; muchos de ellos, se veían más grandes incluso que las estilizadas y atléticas golondrinas adultas. Cuando los polluelos, tarde, intentaban salir, era una tragedia, pues sus entumecidas y tiernas alas, no podían sostener el pesado cuerpo del crió. Si tenían suerte, y ante su primera intromisión al espacio aéreo, quedaban donde había sombra y fuera del alcance de los gatos y demás depredadores, al siguiente día, o muchas veces al tercer día, por fin volaban, haciendo un gran esfuerzo, innecesario diría yo si sus padres hubieran hecho lo preciso.

Ante esa bella experiencia que la naturaleza me obsequio con tan sólo la condición de observar, en mi silvestre mente y corazón de indio, se quedo una lección que jamás olvidaré.

Para los cultos y letrados, esto puede parecer una mala comparación, absurdo ejemplo y carente de toda base psicológica, y quizás si, pero en los espíritus líricos, se complace Dios por medio de la sabia naturaleza en enseñar a todas sus criaturas, y la única condición, es saber mirar con respeto y mucha atención.

Entonces veo, muchos jóvenes que ahora tienen a raudales lo que sus padres no tuvieron: lástima. Si, muchos padres ven con compasión a sus hijos, y es más el tiempo que se la pasan compadeciendo que enseñando, entonces los hijos aprenden poco. Lo que algunos padres hacen sin darse cuenta, y quizás perdidos en un egoísmo imperceptible para ellos que creen ilusamente que el amor es dar todo, es entumir las tiernas alas, que un día serán extremidades atrofiadas, que no les permitirán disfrutar de la vida, y de su libertad.

Al hijo que se la da todo, que se le soluciona todo, que se le compadece, y que nunca se le exige, se le está condenando a una prisión, pues no puede ser libre quién depende de todo y para todo de los padres, eso es antinatural.

Ya se, algunos pensarán que si, que el amor es darlo todo, y así es, no hay incongruencia, porque hasta para dar todo, hay su tiempo, y si lo das de un sólo golpe, lo único que causaras es daño. Un ejemplo: desayuna, come y cena al mismo tiempo. ¡Te puede dar una congestión! Mínimo una pinche diarrea de aquellas, ¿no?

Así qué hay que aprender de la naturaleza, con atención, respeto y agregaría un ingrediente nuevo e infalible: con humildad.

Mejor dale la oportunidad a tus hijos de que te respeten y admiren. No los hagas que te exijan y reprochen.

¿Han leído el hijo pródigo? Pues deberían; ahí Jesus nos da un bello ejemplo de amor, firmeza y perdón.

¿Cómo andan las alas de tus hijos?

Les deseo un feliz domingo.